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Por Steven Erlanger

BRUSELAS — Después de que Gran Bretaña votó en junio del 2016 por abandonar la Unión Europea, sus líderes quedaron presos del pánico.

El bloque estaba atascado en una crisis migratoria, y las fuerzas populistas antieuropeas ganaban terreno. La decisión de Gran Bretaña parecía anunciar el inicio de una gran desintegración.

Dos años más tarde, al tiempo que la salida británica del bloque, o Brexit, parece cada vez más autodestructiva, hay una sensación creciente, incluso en los rincones populistas, de que si esto es como luce la partida, entonces no, gracias. Nada ha unido tanto a la UE como la descomposición caótica de Gran Bretaña.

“Un país se está saliendo y se ha metido en un buen lío, pareciendo ridículo a sus socios europeos”, expresó Rosa Balfour, miembro titular del Fondo Marshall Alemán, en Bruselas.

Los retos que enfrenta Europa —crecimiento bajo, gobernanza de la zona euro, migración, deuda, seguridad fronteriza y populismo— distan mucho de haber desaparecido.

Europa tampoco ha encontrado un consenso sobre cómo abordarlos. La perspectiva misma de perder a un país como Gran Bretaña, considerado tan pragmático e importante en el mundo, es profundamente hiriente.

Pero en general, aunque todas las partes sufrirán con el Brexit, sobre todo en el caso de lo que se conoce como una salida sin acuerdo, los analistas tienden a coincidir en que a la UE, que seguirá siendo el mercado más grande del mundo, probablemente le irá mucho mejor que a Gran Bretaña.

La experiencia británica se manifiesta cada vez más como una historia de advertencia. Hasta populistas y nacionalistas exitosos como Matteo Salvini y Luigi De Maio en Italia, Victor Orban en Hungría, Jaroslaw Kaczynski en Polonia y la Alternativa para Alemania han abandonado la idea de salirse del euro o la UE y, en cambio, trabajan para alterar el funcionamiento del bloque desde adentro.

“Los partidarios del Brexit han hecho muchísimo bien a Europa”, afirmó Denis MacShane, ex Ministro para Europa en el Gobierno de Tony Blair. “Han desaparecido el Frexit y el Grexit y el Italexit y todos los demás. La idea de salirse tanto de la UE como del euro ha sido abandonada definitivamente por populistas de la derecha y la izquierda, incluyendo a Syriza en Grecia y Podemos en España”.

La amenaza a la cohesión europea no ha terminado. La UE seguirá siendo un enemigo conveniente para los populistas que buscan anotar puntos políticos en casa.

Tanto las voces proeuropeas como los burócratas de Bruselas aún pueden recibir una paliza en las elecciones al Parlamento Europeo en mayo.

“El temor ahora no es de perder piezas, sino de ahuecarse desde adentro”, expresó Nathalie Tocci, directora del Instituto de Asuntos Internacionales de Italia. Al mirar la UE, dijo, “la gente reconoce que por el lado positivo la necesitan y por el lado negativo no puede liberarse de ella muy fácilmente”.

Sería más difícil para los que, a diferencia de Gran Bretaña, utilizan el euro, la moneda común. Si Gran Bretaña, con una economía grande y vínculos globales, tiene tantos problemas para salirse, es una lección para países menos estables como Italia, España, Grecia o los de Europa Central, dijo Tocci.

La popularidad aumentada de la UE en los países miembros desde el Brexit es visible en las encuestas Eurobarómetro. Una realizada en abril pasado entre 27 mil 601 personas de todos los Estados miembros mostró que en promedio, el 60 por ciento de los ciudadanos creía que la membresía de la UE era algo bueno, y el 67 por ciento creía que la membresía había beneficiado a su país —la puntuación más alta desde 1983.

Países como Hungría y Polonia se benefician enormemente de su membresía en el bloque pese a la retórica anti Europa de sus líderes, indicó Stefano Stefanini, un ex embajador italiano. El caso italiano es más complicado, señaló, ya que el euro se ha convertido en una especie de prisión para Italia. “No pueden devaluar la moneda, no pueden hacer gastos deficitarios”, dijo.

Rumbo a las elecciones parlamentarias europeas, hay numerosas preocupaciones, incluyendo la influencia que los líderes populistas en Italia, Hungría y Polonia tendrán sobre la próxima Comisión Europea.

“El que Gran Bretaña esté en mal estado no significa que a nosotros nos va bien”, aseveró Rem Korteweg, miembro titular del Instituto Clingendael, un grupo pensante holandés.

Simon Tilford, miembro titular en Chatham House, instituto de investigación en Londres, dijo que la debacle británica sirve como una lección disuasiva para otros, pero también deja claro que “es básicamente imposible salirse de la UE”. Agregó, “¿será eso sostenible en el futuro, incluso si la UE sigue teniendo un mal desempeño?”.

 The New York Times