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Por Thomas Erdbrink

TEHERÁN - A dondequiera que vaya Asal Bahrierad, Teddy, su Shih Tzu, la sigue. La iraní de 31 años incluso durmió tres noches en su auto con Teddy, afirmó, cuando estaba de visita en casa de su madre, a quien no le gustan los perros. Su madre finalmente cedió y permitió que Asal volviera a entrar a la casa, con su amada mascota.

“Ahora tanto mi mamá como yo no podemos imaginar vivir sin Teddy”, expresó Bahrierad. “Nadie, ni siquiera la Policía, puede quitármelo”.

Esa última declaración es tema de debate. En enero, como parte de la batalla de casi 40 años de Irán contra las influencias occidentales, el General de Brigada Hossein Rahimi, jefe de Policía de Teherán,  anunció una prohibición a pasear a los perros en público.

En el Islam, los caninos son considerados impuros. Se tolera a los perros guardianes, pero no tenerlos como mascotas.

El problema es que muchos iraníes discrepan con eso. Hay perros por todas partes en Teherán: pastores alemanes con correas en callejones; huskies siberianos retozando en la nieve invernal; y chihuahueños jadeando por las ventanillas abiertas de los autos.

El número de perros —y gatos, aunque son más aceptables bajo el Islam— está creciendo rápido, a juzgar por un reciente auge súbito en las clínicas para mascotas. Ocasionalmente, los funcionarios iraníes hacen un llamado a tomar medidas para impedir que los iraníes normalicen a los perros como mascotas. Los perros “crean temor y ansiedad” en público, afirmó el General Rahimi a la televisión estatal iraní. “La Policía tomará medidas contra los dueños”. No especificó cuáles.

Hamidreza Taraghi, un político de línea dura, expresó en una entrevista, “religiosamente hablando, dondequiera que se siente o camine un perro, no podemos rezar”.

Taraghi señaló que crecientes números de personas se quejaban a la Policía de los canes. Además, agregó, la propiedad de perros echa leña al fuego del esfuerzo de las sanciones estadounidense.

“Estamos experimentando dificultades económicas, pero los amantes de los perros están gastando miles de millones de dólares cada año en alimento para perros”, aseguró. “Necesitamos ese dinero para cosas más importantes”.

Los castigos pueden ser severos, y de vez en cuando los culpables son multados y a veces incluso azotados. No obstante, desobedecer las reglas oficiales es tan rutinario que pocas personas lo consideran un acto de rebeldía.

“Teddy y yo caminamos todos los días en un parque en el vecindario de Shahram y los policías de hecho son muy amigables con nosotros”, dijo Bahrierad.

Cerca del Aeropuerto Internacional Imam Khomeini, Hoda Sedghi Shamir, de 37 años, alimentaba a los 23 perros que alberga.

En su mayoría son callejeros. Shamir comentó que ha ayudado a perros que resultaron lastimados cuando fueron apedreados. “Gasto unos 600 dólares al mes en ellos, por su alimento, sus vacunas y sus sesiones de entrenamiento”, mencionó.

En cuanto a la prohibición sobre pasear a los perros, Shamir se encogió de hombros y dijo que esto, también, pasará. “Durante un tiempo tenemos que mantener un perfil bajo, pero luego la regla será olvidada de nuevo”, añadió.

 The New York Times