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Por Isabel Kershner

AL MUGHAYIR, Cisjordania — Una pandilla de colonos judíos armados descendió desde un puesto de avanzada en la cima de una colina al poblado palestino abajo y abrió fuego, dijeron testigos. Soldados israelíes llegaron y en lugar de detener a los colonos, señalaron los testigos, no hicieron nada o se enfrentaron a los pobladores.

En el caos, Hamdy Naasan, de 38 años, un palestino con cuatro hijos, fue asesinado a tiros.

El asesinato a fines de enero fue el más reciente en una oleada de violencia de colonos. Los ataques de colonos contra palestinos, sus propiedades y las fuerzas de seguridad israelíes aumentaron en un 50 por ciento el año pasado y han amenazado con encender un conflicto en Cisjordania, dicen funcionarios de seguridad israelíes.

Días antes, las autoridades de Israel presentaron cargos por homicidio culposo y terrorismo contra un estudiante de una yeshivá, de 16 años, de otro asentamiento judío, acusándolo de arrojar una piedra de 2 kilos que causó la muerte de la palestina Aisha al-Rabi, madre de ocho hijos, en octubre mientras viajaba en el auto de su familia en una autopista.

Aunque funcionarios palestinos y la ONU han condenado la violencia —Nickolay E. Mladenov, enviado de la ONU en Medio Oriente, describió el tiroteo en Al Mughayir como “impactante e inaceptable”— el Gobierno de derecha de Israel ha guardado silencio, receloso de distanciar a los colonos y a otros potenciales partidarios en un año electoral.

El Primer Ministro Benjamin Netanyahu, quien busca un quinto mandato, compite con otros rivales de derecha por el apoyo de los colonos. Enfrenta investigaciones de sobornos y su desafío político más fuerte en años.

“¿No matarás?”, escribió Tamar Zandberg, líder del partido de izquierda Meretz, en una publicación en Facebook, al señalar la rotunda falta de condena por parte de los funcionarios del Gobierno. “Silencio. Todo el mundo ve la elección en el horizonte, y el cabildo de colonos es más fuerte que cualquier estándar moral”.

En contraste, después de que un hogar palestino en el poblado de Duma fue bombardeado en el 2015, causando la muerte de un niño pequeño y sus padres, Netanyahu y los líderes de derecha condenaron fuertemente los hechos y dijeron que el terrorismo judío no sería tolerado.

Esta vez, las voces más estridentes se han alzado en defensa de los sospechosos judíos. Shin Bet, la agencia de seguridad nacional de Israel, ha sido acusada por organizaciones de derecha de pisotear los derechos de los sospechosos en el apedreo. Un legislador del Likud, el partido gobernante, comparó a la Shin Bet con la KGB. A final de cuentas, cuatro de los jóvenes fueron liberados.

Durante más de una década, colonos radicales jóvenes conocidos como la juventud de la cima de la colina han practicado la doctrina conocida como “el precio”, que hace un llamado para cobrar venganza, a través de la violencia o el vandalismo, por ataques palestinos contra judíos o por medidas del Ejército o la Policía contra la actividad de asentamientos ilegales.

Los funcionarios de seguridad atribuyen el repunte en la violencia de los colonos en parte al reciente levantamiento de restricciones contra algunos activistas principales. Las autoridades habían impuesto medidas antiterroristas tras el ataque en Duma en el 2015 y la posterior revelación de una red miliciana turbia conocida como “La Revuelta”. El grupo busca el colapso del Estado de Israel para reemplazarlo con un reino judío basado en leyes religiosas.

La Shin Bet señaló lazos entre la yeshivá, o escuela religiosa, a la que asistía el sospechoso en el caso del apedreo, y la ideología antisionista y mesiánica detrás de La Revuelta.

Los lazos se volvieron aparentes un día después de la muerte de Al-Rabi, cuando un automóvil partió del asentamiento de Yitzhar para adiestrar a los estudiantes sobre cómo lidiar con los interrogatorios de Shin Bet. Entre los ocupantes figuraban Meir Ettinger, presunto líder de La Revuelta, y Akiva HaCohen, considerado un arquitecto de la política del “precio”.

El Ejército y la Policía israelíes investigan la muerte de Naasan. Los colonos dicen que el enfrentamiento empezó con un ataque contra un adolescente judío que se hospedaba en el puesto de avanzada de colonos Adei Ad durante el Shabat.

Durante el enfrentamiento, Farraj Naasan, de 53 años, tío de la víctima, dijo que Naasan estaba ayudando a evacuar a los heridos. “Cargó al primero y al segundo”, dijo. “Cuando fue a traer a más de los heridos, le dispararon”.

Naasan cayó de una altura aproximada de 45 metros desde la última casa a la orilla del poblado. Otro testigo, Samir Abu Alia, de 53 años, dijo que los pobladores tuvieron que esperar 20 minutos, hasta que el tiroteo se calmó, para recuperar su cuerpo.

 The New York Times