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Por Allan Mattingly

Isaac Sentilles, de 12 años, de Cleveland Heights, Ohio, ha estado muy ocupado. Su madre, Renée, se ha asegurado de ello.

“Lo inscribí en clases de piano cuando tenía 5 años”, declaró a The New York Times. “Lo llevé a entrenamientos de futbol cuando tenía 4 años. Intentamos pista y campo; fuimos a todas las clases de natación, artes marciales. Lo hice todo”.

Claro que lo hizo. Eso es lo que hacen muchos padres de familia estadounidenses en la actualidad. Y están allí, siguiendo todo de cerca —llevando a sus hijos a partidos, asistiendo a recitales o simplemente dirigiendo un proyecto de manualidades en casa cuando puedan meterlo con calzador a la agenda saturada.

Este tipo de crianza de estar siempre presentes, alguna vez principalmente el enfoque de familias de clase alta, se ha propagado por todas las líneas socioeconómicas y también se está arraigando en países como Inglaterra y Australia.

Los expertos no se ponen de acuerdo en cuanto a si esto es positivo o negativo, pero esto es seguro: la manera en que Sentilles cría a su hijo es distinta a la forma en que ella fue criada.

“Mi trabajo no era entretenerlos”, dijo su madre, Claire Tassin. “Mi trabajo era amarlos y disciplinarlos”.

¿Cómo ve la crianza de sus nietos ahora? “No digo que no funcione”, comentó. “Son maravillosos. Pero cuando yo era niña, sé que me sentía libre. Me ponía mis pantalones de mezclilla y mis botas vaqueras y jugaba afuera todo el día”.

A Pamela Paul, de The Times, le gustaría ver más tiempo de juegos a solas, pero le preocupa que demasiados niños no sabrían qué hacer con ello. Esos niños siempre han tenido adultos asegurándose de que nunca se aburran.
Paul no cree que esto les haga bien a los niños. El aburrimiento es bueno para ti, asegura.

“Si los niños no se dan cuenta de esto a temprana edad, les espera una sorpresa desagradable”, escribió. “La escuela, para ser sinceros, puede ser aburrida y, de hecho, no es deber del maestro entretener además de educar. La vida no es un desfile interminable de diversión.

“Cuando llegas a un punto de quiebre, el aburrimiento te enseña a reaccionar de manera constructiva y hacer por ti mismo que suceda algo”, escribió Paul.

Ese aprendizaje es un proceso continuo. Sólo pregunte a los 4 millones de personas que han comprado ejemplares de “El Camino del Artista”, de Julia Cameron, desde su primera publicación en 1992.

El libro “ha sido un faro de luz para escritores y otros aspirantes a artistas con bloqueo durante más de un cuarto de siglo”, escribió Penelope Green, en The Times.

Quienes se apoyan en los principios del libro han formado grupos de Camino del Artista en lugares desde Toronto y Japón hasta Rusia y Brasil, desde la estepa australiana hasta la selva panameña.

Si bien no aborda el aburrimiento, uno de sus ejercicios principales comienza con una página en blanco: debe empezar cada día escribiendo tres páginas de cualquier cosa que se le venga a la mente. Otro ejercicio regular es la “Cita del Artista” —dos horas de tiempo a solas cada semana, en cualquier lugar que pueda ofrecer una experiencia nueva.

Dos horas a la semana podría ser un hueco demasiado grande en la agenda de niños modernos activos. Pero quizá puedan darse un tiempito si al menos están limpios.

Como señala Paul, “tantas ideas útiles ocurren en la ducha, cuando somos cautivos de una actividad cotidiana. Dejas que divague la mente y la sigues a donde sea que vaya”.

 The New York Times