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Por Robin George Andrews

El 30 de abril del año pasado, el cráter Pu’u ‘O’o en el volcán Kilauea en Hawai se colapsó. Marcó el inicio de una erupción de un mes de duración, que produjo lava equivalente a 320 mil albercas de tamaño olímpico y que transformó el paisaje y destruyó 700 casas.

Ahora el Observatorio Volcánico Hawaiano, del Servicio Geológico de Estados Unidos, y otros científicos han publicado una línea de tiempo detallado de la erupción más destructiva de este volcán en la historia registrada.

Gracias al esfuerzo, los vulcanólogos han obtenido un mayor entendimiento del volcán más peligroso de Estados Unidos, que puede ayudar a revelar los secretos de volcanes similares alrededor del mundo.

Kilauea, uno de varios volcanes activos en la isla de Hawai, ha estado en erupción continua desde 1983. Pero para mayo, se había iniciado una nueva secuencia de erupción con dos puntos focales: una área en el flanco, conocido como la zona de fractura oriental baja, donde la superficie del volcán gradualmente se está agrietando, y el cráter Halema’uma’u al poniente de la cima de Kilauea.

Christina Neal, la científica titular del Observatorio Volcánico Hawaiano, dijo que esta convergencia de sucesos que perduró durante meses significó que esta erupción “realmente no tenía precedentes en el registro moderno”.

El 2 de mayo, el lago de lava en el cráter Halema’uma’u empezó a drenarse y aparecieron grietas en la zona de fractura. Al día siguiente empezó a fluir lava, propiciando una evacuación.

La mayor actividad sísmica en la cima coincidió con un temblor magnitud 6.9 bajo el flanco sur del volcán el 4 de mayo, el de mayor intensidad en la isla en más de 40 años. Este mes aún se sentían las réplicas.

Se registraron importantes explosiones en la cima el 15 y el 17 de mayo. Produjeron exhalaciones de 3 mil 700 y 9 mil 150 metros, respectivamente.

Para principios de junio, habían aparecido 24 fisuras en la zona de fractura, con ríos de lava fluyendo con una velocidad de hasta 100 metros cúbicos por segundo. El 2 de junio, el lago más grande de agua dulce en la isla se evaporó el 90 minutos.

En julio, las emisiones de dióxido de azufre se combinaron con vapor de agua para producir una bruma asfixiante llamada smog volcánico, o “vog”. La lava al entrar en contacto con el Océano Pacífico creó “laze”, una mezcla de ácido clorhídrico, partículas de vidrio y vapor.

El 4 de agosto, la actividad volcánica disminuyó abruptamente. Para cuando reabrió el Parque Nacional de los Volcanes de Hawai el 22 de septiembre, la lava cubría 35.5 kilómetros cuadrados.

El 6 de diciembre, el SGEU declaró que era “muy poco probable” que se reanudara la erupción del 2018 en la zona de fractura. Pero aún hay magma debajo de la cumbre y la zona de fractura, por lo que una erupción futura es cosa segura.

 The New York Times