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Por James Gorman

Si quieres saber qué mueve a los colibríes, es mejor evitar la poesía.

Ave-rayo del día de verano,
- ¿A dónde vas en tu camino soleado?
¿A dónde va? Probablemente a tener una espeluznante pelea, ahí es a donde va.

John Vance Cheney escribió ese verso, y tiene mucha compañía entre los poetas, todos seducidos por el color, la belleza y la diminuta talla de estas aves.

A los aztecas no los engañaban. Su dios de la guerra, Huitzilopochtli, era un colibrí. Los aztecas amaban la guerra y también amaban la belleza de estas aves. Parece que no encontraban ninguna contradicción en el matrimonio entre la belleza y la agresión sanguinaria.

Los científicos entendían que la agresión era una parte profunda y dominante de la vida de los colibríes. Pero ellos también han tenido sus puntos ciegos. La forma aparentemente perfecta en que se compaginan las flores portadoras de néctar a los delgados picos succionadores de néctar era una clara muestra de que a los colibríes los formó la coevolución.

Parecía claro que las plantas estaban a cargo. Su necesidad de polinizadores confiables produjo flores con una forma que exigía un pico largo y delgado. La evolución del colibrí las complació. Pero los colibríes también escucharon el llamado de la batalla, que exigía un curso evolutivo diferente. Algunos de esos delgados y delicados picos se han transformado en fuertes, afiladas y peligrosas armas.

En una monografía reciente, Alejandro Rico-Guevara y otros en la Universidad de California, en Berkeley, compartieron evidencia reunida en video en alta velocidad que muestra cómo se despliegan los mortales picos en los conflictos entre machos.

Los colibríes usan sus picos para repeler a los rivales por sus parejas.

Los machos usan sus picos para apuñalar a otros machos, y para pelear a espadazos —fintando y parando estocadas, y a veces tirando al otro pájaro de una percha. Algunos incluso tienen picos ganchudos, con bordes dentados que parecen dientes de tiburón. El video muestra a machos arrancando las plumas de otro pájaro con esas agarraderas.

Los hallazgos de Rico-Guevara y otros también revelaron la forma inusual en que procesan el azúcar, la manera en que usan sus lenguas para beber néctar y la evolución de la forma del pico.

Rico-Guevara estudió estas aves en la Universidad Nacional de Colombia. Su asesor fue Gary Stiles, y bajo su tutela Rico-Guevara escribió una tesis de honor sobre cómo las aves cazan insectos para complementar su dieta de néctar, que es azúcar puro.

Más o menos al mismo tiempo, Margaret A. Rubega, bióloga en la Universidad de Connecticut, publicó una monografía sobre la forma en que los colibríes doblan sus picos para capturar insectos. Rico-Guevara terminó en Connecticut, haciendo su investigación de doctorado con Rubega sobre las lenguas de los colibríes.

La investigación fue pionera. La idea dominante de cómo las aves succionan el néctar era que la forma del pico y la lengua producían una acción capilar, en la que el líquido se eleva contra la gravedad gracias a fuerzas mecánicas.

En lugar de ello, Rico-Guevara y Rubega mostraron que el método de alimentación del colibrí era completamente diferente: cuando la punta bifurcada de su lengua se retrae por el estrecho pico, atrapa el néctar.

Todos los colibríes pelean, incluyendo las hembras, pero sólo unas cuantas especies tienen picos convertidos en armas. Rico-Guevara encontró que los machos luchan para reclamar los mejores territorios de apareamiento.

En algunas especies, los machos se reúnen en áreas llamadas leks, lejos de las flores de las que se alimentan. En un lek, cada macho tiene un territorio y las hembras comparan y eligen.

En otras especies con picos convertidos en armas, los machos establecen territorios de apareamiento justo en los terrenos de flores más fértiles. Para ellos, dijo Rico-Guevara, no importa si no son los bebedores de néctar más eficientes —”solo no dejen que nadie más llegue a la flor”.

Los colibríes también ofrecen “oportunidades para explorar los límites de la fisiología”, dijo Rico-Guevara. Tienen la tasa metabólica más alta entre los vertebrados y se especializan en mantener el vuelo sostenido en un mismo sitio (el cernido), “la forma de locomoción más cara en la naturaleza”.

Coincidentemente, el cernido es una forma de vuelo que es de intenso interés para los diseñadores de robots voladores. “Todos quieren replicar el vuelo de los colibríes”, dijo.

Al enumerar múltiples áreas de interés para el estudio de los colibríes, Rico-Guevara admitió que le atraen por otra razón.

“Lo que me ha mantenido apegado a ellos es su increíble personalidad”, dijo. “Son muy audaces.”
En cuanto a si los poetas se enganchan con la belleza, D. H. Lawrence, en “Humming-Bird”, imagina uno antiguo:

Probablemente era grande
Como dicen que los musgos y las lagartijas una vez fueron grandes.
Probablemente era un monstruo punzante y aterrador.

 The New York Times