• |
  • |

Por Clifford Krauss

MIDLAND, Texas — En un colapso global de los precios del petróleo hace cinco años, veintenas de compañías estadounidenses cayeron en quiebra. Sin embargo, un campo petrolero prosperó: la Cuenca Pérmica, que abarca a Texas y Nuevo México.

Una combinación de innovación tecnológica, inversión agresiva y abundantes capas de esquisto (shale) rico en petróleo han transformado la Cuenca Pérmica, alguna vez considerada un área desgastada, en el segundo campo petrolero más productivo del mundo.

Incluso ahora, con los precios aún muy por debajo de su nivel máximo, la Cuenca Pérmica rebosa de producción y exploración, y la mayor preocupación es cómo crear más capacidad para llevar todo ese petróleo al mercado.

El furor por la perforación de esquisto ha permitido que Estados Unidos no sólo reduzca sus importaciones de crudo, sino que incluso se convierta en un exportador importante por primera vez en medio siglo. Su abundancia también ha empoderado a EU en el campo diplomático, al permitirle imponer sanciones a Irán y Venezuela sin preocuparse por un alza a los precios de la gasolina.

Las crecientes exportaciones de crudo de Texas han presionado a la baja los precios globales, y son una razón importante por la que Rusia y Arabia Saudita recortaron su propia producción para volver a impulsar los precios.

“Los productores de la OPEP nunca creyeron que la Cuenca Pérmica podría ser el siguiente productor estrella a nivel mundial”, dijo René Ortiz, de Ecuador, ex secretario general de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

Hoy produciendo 4 millones de barriles diarios, la Cuenca Pérmica genera más petróleo que cualquiera de los 14 miembros de la OPEP, salvo Arabia Saudita e Irak. En total, la producción petrolera de EU aumentó en 2 millones de barriles diarios el año pasado, para un récord de 11.9 millones de barriles, convirtiendo a EU en el mayor productor del mundo.

Nuevas tecnologías para la perforación y la fractura hidráulica (fracking) ayudaron a reducir los costos de exploración y producción. La Cuenca Pérmica difiere de otros campos de esquisto debido a su enorme tamaño, el grosor de sus múltiples capas de esquisto —algunas tan gruesas como de 300 metros— y su cercanía a refinerías en el Golfo de México.

Hoy el mayor riesgo para los productores es que una producción excesiva pueda provocar que los precios bajen demasiado y pongan en riesgo su rentabilidad. Eso también podría provocar otra ronda de acciones agresivas de la OPEP y su nuevo aliado, Rusia.

Se espera que hasta 15 oleoductos y gasoductos dando servicio a la Cuenca Pérmica queden concluidos para mediados del 2020, potencialmente cuadruplicando las exportaciones del Golfo de México a 8 millones de barriles diarios.

Hay señales de expansión por doquier en el desierto del oeste de Texas. Los tráileres forman filas de casi un kilómetro al amanecer para recoger arena en minas para labores de fracking. Las tarifas de hoteles y las rentas de departamentos han subido tanto que los parques de casas rodantes son la única opción para muchos trabajadores.

Se anticipa que las petroleras importantes inviertan en total allí más de 10 mil millones de dólares este año, de acuerdo con IHS Markit, una empresa consultora energética.

Sin embargo, la producción de los pozos de esquisto disminuye rápidamente, haciendo de la perforación un esfuerzo interminable. Eso ha sido un reto para compañías pequeñas como Parsley Energy.

El precio de sus acciones cayó a la mitad en los últimos dos años al tiempo que derrochaba su flujo de efectivo adquiriendo tierras y redoblando la producción. A fines del año pasado, al caer los precios del petróleo, Parsley cambió de curso. Está reduciendo el gasto en exploración y producción este año en 300 millones de dólares.

“Todos tenemos que estar preparados” para un bache de seis meses en los precios, afirmó Matt Gallagher, director general de Parsley. “Estamos a un mensaje de Twitter de un trato con Irán y petróleo de 40 dólares”.

Las multinacionales tienen los recursos para apegarse a sus planes agresivos de desarrollo y adoptar una perspectiva a más largo plazo. Muchas tienen sus propios oleoductos, refinerías y personal de ventas globales para ofrecer su petróleo al mejor precio.

En enero, Chevron acordó adquirir una refinería en Pasadena, Texas, de la compañía brasileña Petrobras por 350 millones de dólares para refinar más productos originarios de la Cuenca Pérmica.

The New York Times