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Por Meher Ahmad

KARACHI, Pakistán — Durante tres generaciones, la familia de Muhammad Rizwan vio su pequeño puesto en el mercado como su segundo hogar, con los hijos ayudando con las existencias mientras sus padres atendían a los clientes.

Rizwan, de 35 años, empezó a vender zapatos y ropa ahí cuando era adolescente y su esperanza era dejarle el negocio a su hijo. Hoy es un montón de escombros, resultado de una operación de demolición del Gobierno que comenzó alrededor del famoso Mercado Emperatriz de Karachi y que ahora se extiende por toda la Ciudad.

“Mi abuelo fue el primero en trabajar en este mercado —él vendía cuerdas— y ahora parece que yo seré el último”, dijo Rizwan.

Los puestos fueron blanco de la campaña del Gobierno de Karachi contra la “invasión” del comercio que se desborda a calles y parques.

Los vendedores ambulantes se han convertido en parte de la vida en Karachi desde que pasó de ser una aldea portuaria a una de las ciudades más grandes del mundo, con una población de al menos 15 millones.

También han contribuido a la reputación de Karachi como una de las ciudades menos habitables del mundo. Waseem Akhtar, Alcalde de Karachi, está resuelto a cambiar eso demoliendo lo que él dice son negocios sin licencia que han estado operando en propiedad pública. Lo respalda una orden de la Suprema Corte de Pakistán.

“Necesitamos espacios abiertos. Necesitamos jardines, árboles, áreas públicas, bancas”, dijo.

Los planes para catapultar a Karachi —conocida por su inestabilidad crónica, violencia étnica e infraestructura en ruinas— a la modernidad comenzaron con demoliciones masivas en el corazón de la actividad comercial de la ciudad: el Mercado Emperatriz.

El mercado, construido en la década de 1880 durante el dominio colonial británico, es un patio cuadrado rodeado por cuatro áreas cubiertas y una torre de reloj.

“Adentro podías encontrar artesanías y oficios que en otros lugares ya no existen”, dijo Arif Hasan, arquitecto que durante décadas ha hecho una crónica de la urbanización de Karachi. “El mercado de aves, el mercado de encuadernadores, el mercado de frutos secos, todos son puestos que tienen más de 50 años de existir”.

Las excavadoras arrasaron con los puestos de la noche a la mañana en noviembre. Tras recibir el aviso con una semana de anticipación, los vendedores, en protesta, se negaron a abandonar el lugar e hicieron manifestaciones hasta que sus puestos fueron derribados.

“Fue como una pesadilla”, dijo Abdul Rashid Kakar, dueño de un puesto de té. “Vi el lugar donde he trabajado la mayor parte de mi vida desaparecer justo ante mis ojos”.

Kakar, Rizwan y cientos de otros dueños, algunos de los cuales también vivían en sus tiendas, han estado protestando desde entonces. “Tenemos bocas que alimentar”, dijo Rizwan. “Me avergüenzo de ir a casa porque no tengo nada que darle a mi familia”.

Algunos han reanudado la venta de sus productos en los escombros.

Los residentes quedaron impresionados al despertar y ver imágenes en las redes sociales de un Mercado Emperatriz destruido. Los transeúntes observaban boquiabiertos el nuevo edificio desnudo, cuyas paredes no se podían ver desde la calle desde hace más de 50 años.

Algunos estaban encantados: “Quién se imaginaría que había un edificio tan bonito detrás de todo eso”, dijo Muhammad Asif, un lavavajillas.

Pero en las redes sociales y en las noticias locales, la demolición provocó indignación. “Dí un paseo por el ‘nuevo Centro’”, escribió Talat Aslam, editor de un periódico local, en Twitter, burlándose del eslogan “Nuevo Pakistán” del Primer Ministro Imran Khan. “El Mercado Emperatriz lucía triste, desolado y desamparado”.

“Hemos perdido nuestra historia”, dijo Hasan, quien tiene años proponiendo planes para revitalizar el Centro de Karachi y al mismo tiempo conservar su cultura callejera.

Akhtar dijo que las demoliciones eran una señal de que Karachi estaba volviendo a su antigua gloria. “Especias y lentejas, loros y palomas —eso no es patrimonio”, dijo. “Necesitamos tener algo que mostrar a nuestra próxima generación. Creo que estamos avanzando hacia el progreso”.

 The New York Times