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Por Sabrina Tavernise

LEVERETT, Massachusetts — Paula Green, psicóloga estadounidense, reúne a sobrevivientes de la guerra en lugares como Bosnia, Ruanda y Myanmar, ayudándolos a ver más allá de sus diferencias para que puedan vivir de nuevo unos con otros.

Recientemente, empezó a ver señales en Estados Unidos de angustia social que reconoció por su trabajo en el extranjero. “La gente inventa historias sobre ‘el otro’ —los musulmanes, los electores de Trump, sea quien sea ‘el otro’”, dijo. “’No tienen los valores que nosotros tenemos. No se comportan como nosotros. No son agradables. Son malvados’”. “Eso es deshumanización. Y cuando se propaga, puede ser muy difícil de corregir”.

Un creciente grupo de expertos en la resolución de conflictos están aplicando sus habilidades para ayudar a los estadounidenses. Apuntan a la retórica política —por ejemplo, el que el Presidente Donald J. Trump se refiera a los medios como “enemigos del pueblo”, o a los migrantes en México como criminales y “gente de Medio Oriente”.

Ha estallado la violencia: un pistolero mató a fieles en una sinagoga de Pennsylvania en octubre tras despotricar sobre una agencia para refugiados. Esa misma semana, un partidario de Trump envió bombas a una docena de críticos del Presidente. En el 2017, un hombre de Illinois inmerso en la política de izquierda baleó a cuatro personas en un evento congresional.

Los expertos en conflictos dijeron que aunque EU no está en el estado alarmante de algunos otros países, la resiliencia de sus instituciones está siendo puesta a prueba.

Fund for Peace, una organización sin fines de lucro que se enfoca en Estados frágiles, declaró que EU era el cuarto país de mayor deterioro en el 2018, después de Qatar, España y Venezuela. En el 2017, la Unidad de Inteligencia de The Economist degradó a EU de una “democracia plena” a una “democracia defectuosa”, al citar la menguante confianza popular en el Gobierno.

Green lanzó una misión de paz estadounidense con 18 personas de Massachusetts y 11 de Kentucky.

La propuesta inicial de una reunión fue de Jay Frost, consultor en capacitación jubilado en Massachusetts que admite que no tenía una buena opinión de los electores de Trump al principio. Escribió en un mensaje de correo electrónico que quería entender “cómo era posible que los electores blancos rurales apoyaran a un candidato presidencial tan vulgar y distópico”, lenguaje que ahora dice que lamenta.

Gwen Johnson, administradora de educación en Kentucky, dijo que dos personas lloraron cuando el mensaje fue leído. Decidió hacer el viaje de 15 horas en una van a Massachusetts para explicar a las personas allí que aunque algunas podrían haber estado enojadas a partir del 2016, ella había estado enojada casi toda su vida.

Nell Fields, investigadora de salud de Kentucky, dijo tener la sensación de que los participantes de Massachusetts “hacían una especie de proyecto donde al final dirían ‘OK, miren, los compusimos’”.

Cuando finalmente se reunieron, en el otoño del 2017 en Massachusetts, Green aplicó una regla básica de la psicología: cuando las personas se sienten escuchadas, es más fácil abordar temas más difíciles. Hizo que todos hablaran de sus familias, porque “todo mundo tiene una”. Cuando la conversación tocó el tema de la política, lograron mantener la cortesía. Hablaron de Trump, la inmigración y las armas, pero evitaron arranques.

Fields comentó que pudieron hablar de cosas difíciles debido a la sensación de que se habían vuelto, en una manera fundamental, iguales.
“Aprendí que no importa cuán distintamente pensamos o votamos, si tomamos un momento para ver a la otra persona por quién es, como alguien con una familia y una historia, eso hizo que lo difícil se volviera más fácil”, dijo.

The New York Times