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Por Peter S. Goodman

AMSTERDAM, Países Bajos — Si alguien en los Países Bajos está feliz de que Gran Bretaña abandone la Unión Europea, se guarda ese sentimiento. El País tiene sus bases en el comercio, con enormes volúmenes de mercancías fluyendo desde sus puertos al otro lado del Canal de la Mancha. El Brexit, como se le conoce a este divorcio británico, ha demostrado ser trastocador.

Pero si el Brexit va a suceder, la ciudad de Amsterdam, revestida de canales, está decidida a aprovechar las oportunidades que se presenten. El Subalcalde ha estado encabezando un equipo que está cortejando a compañías globales que abandonarán Gran Bretaña.

“Estoy muy triste por el Brexit, pero estoy feliz por cómo se están dando las cosas para Amsterdam”, dijo el Subalcalde Udo Kock, añadiendo que al menos 30 compañías habían optado por reubicarse. “Es una ciudad tan agradable para vivir. ¿Quién no querría vivir en Amsterdam unos cuantos años?”.

Mientras Gran Bretaña se desliza hacia una tumultuosa salida del bloque europeo, ciudades del Continente observan con una mezcla de oportunismo y pavor. Desde Amsterdam hasta París y Frankfurt, las autoridades han estado cortejando a compañías que buscan refugio de un Reino Unido cada vez más incierto. Sin embargo, muchas están preparándose para el caos relacionado con el Brexit en los puertos.

Las comunidades en ambos lados del Canal ya están lidiando con debilidad económica al tiempo que la perspectiva de un Brexit sin acuerdo desalienta las inversiones.

Sobre todo, se ha afianzado una sensación de resignación de que incluso antes de que empiece el Brexit, ya ha producido cambios que son casi definitivamente permanentes.

Compañías han mudado empleos de Gran Bretaña al Continente mientras solicitan licencias locales para evitar rupturas en sus negocios. La European Medicines Agency, que regula las empresas farmacéuticas, se halla en las etapas finales del cierre de sus oficinas generales en Londres para mudarse a Amsterdam. Banqueros y comerciantes han reubicado partes de sus operaciones.

Independientemente de lo que suceda después, nada de eso regresará.

Amsterdam en gran medida ha fracasado en atraer a bancos globales, que en su mayoría han elegido ciudades donde ya tienen oficinas, particularmente Frankfurt. A los banqueros les desagradan las leyes holandesas que limitan el volumen de pagos de bonos.

Pero la Ciudad ha conseguido otras partes de la industria financiera, incluyendo operadores y administradores de activos. El mes pasado, el Norinchukin Bank de Japón eligió a Amsterdam como la sede de su sucursal europea, como también lo hizo la plataforma de operaciones comerciales de Bloomberg, y Turquoise, una unidad de la Bolsa de Valores de Londres.

“Hubo unas 100 instituciones que vinieron a vernos”, dijo Gerben Everts, miembro del consejo ejecutivo en la Autoridad de Países Bajos para los Mercados Financieros, que regula a las compañías de servicios financieros. “Al menos 30” habían presentado solicitudes de licencias para operar en los Países Bajos.

Desde el referéndum de junio del 2016 que activó el Brexit, Países Bajos ha observado con alarma. Gran Bretaña es su tercer socio comercial más grande, después de Alemania y Bélgica.

El puerto de Rotterdam es el más grande de Europa. El aeropuerto Schiphol de Amsterdam es un importante corredor para la carga aérea y un crucial punto de tránsito para la industria holandesa de las flores.

La economía del área metropolitana de Amsterdam es de unos 160 mil millones de euros (unos 181 mil millones de dólares) al año, dijo Kock. Parece probable que el Brexit le elimine mil millones de euros a ese total.

“Eso es de 2 mil a 3 mil empleos”, señaló.

El que la European Medicines Agency se decidiera por Países Bajos fue significativo. La agencia reguladora emplea a 900 personas.

Al mudarse la reguladora aquí, Kock y su equipo se han enfocado en atraer compañías relacionadas, incluyendo farmacéuticas, firmas legales y aseguradoras que dan servicio a la

industria farmacéutica.
El grupo organiza tours por Amsterdam, promocionando los atributos de la Ciudad: conexiones veloces de internet; una fuerza laboral creativa; un aeropuerto de fácil acceso con más de 300 conexiones directas a puntos de todo el mundo.

“Hemos adoptado un enfoque muy holandés: modesto, pero sólido y convincente”, dijo Kock. “No anduvimos por Londres como buitres en busca de compañías, ni los agasajamos en el palacio con cenas de siete tiempos. Les ofrecemos café con una galleta”.

 The New York Times