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Por Andrew Ross Sorkin

Larry Fink, el administrador de inversiones que supervisa casi 6 billones de dólares en BlackRock, desató una conversación de un año de duración entre líderes empresariales y creadores de políticas en enero del 2018, cuando escribió una carta a los directores ejecutivos donde declaraba que las compañías necesitaban hacer más que generar ganancias.

Escribió que era crucial que los negocios también hagan “una aportación positiva a la sociedad” y que planeaba hacerlos rendir cuentas de ello.

Viniendo del mayor inversionista del mundo, la carta fue vista como un punto de inflexión en la discusión, latente desde hace mucho, sobre la condición del capitalismo global.

Los directores ejecutivos comenzaron a hablar sobre el “propósito” de sus compañías, no sólo en declaraciones de misiones sino en declaraciones al Gobierno y reportes para inversionistas. Otros se molestaron por el reto que lanzó.

Entonces, en enero de este año, los directores ejecutivos recibieron una nueva misiva de Fink. Los negocios, escribió, no pueden simplemente tener un propósito. Deben ser líderes en un mundo dividido.

“Las partes interesadas están empujando a las compañías a incursionar en temas sociales y políticos delicados —sobre todo al ver que los gobiernos no logran hacerlo con efectividad”, escribió en su carta más reciente, que fue obtenida de uno de los destinatarios.

En el último año, las empresas se han sentido presionadas para tomar partido en temas como cambio climático, control de armas y si trabajan o no con el Pentágono.
BlackRock ha promovido el cambio de política en el último año, lo que incluyó votar para una resolución de accionistas que exigía que el fabricante de armas Sturm, Ruger & Company sea más transparente sobre la seguridad de sus productos.

“No sabía que Larry Fink había sido convertido en Dios”, dijo el multimillonario inmobiliario Sam Zell un día después de que la carta de Fink fue enviada el año pasado. Y Warren Buffett, presidente de Berkshire Hathaway, dijo que no creía que fuera el papel de los inversionistas imponer sus opiniones de la forma en que sugería Fink.

En la carta más reciente de Fink, escribió que no tenía “ninguna intención” de decir a las compañías cuál debería ser su propósito. Pero también se resistía a la noción, defendida durante mucho tiempo por el economista Milton Friedman, de que la única responsabilidad social de una compañía son sus ganancias. “El propósito no es la búsqueda exclusiva de ganancias, sino la fuerza motivadora para alcanzarlas”, escribió.

En el último año, empleados en Google dejaron sus puestos en protesta por el manejo de la compañía de acusaciones de conducta sexual indebida contra ejecutivos de alto nivel, y realizaron una manifestación que puso fin a su papel en el Proyecto Maven, del Pentágono, que utiliza inteligencia artificial que podría mejorar la forma en que ataques con drones se enfocan en sus blancos.

“Este fenómeno sólo crecerá al tiempo que millennials e incluso generaciones más jóvenes ocupen puertos cada vez más superiores en los negocios”, escribió Fink.
Las prioridades de la generación millennial, dijo, alterarían la métrica usada para invertir.

“Esta generación impulsará no sólo sus decisiones como empleados sino también como inversionistas, al tiempo que el mundo experimente la transferencia de riqueza más grande en la historia: 24 billones de dólares que pasarán de la generación nacida en la era de la posguerra a los millennials”, escribió.

“Al transferirse esta riqueza y cambiar las preferencias de inversión, temas ambientales, sociales y de gestión pública serán, cada vez más, material para evaluaciones corporativas”.

 The New York Times