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Por Matthew Goldstein

Cuando Sherise Grant entabló una demanda contra el fabricante de su implante de malla pélvica, esperaba usar la indemnización para costear la operación para retirarlo.

Grant, de 51 años, se contaba entre millones de mujeres por todo el mundo cuyos problemas urinarios fueron tratados con malla pélvica. No sólo ha hecho poco por ayudarla, sino que frecuentemente le ocasiona molestias y dolor al tener relaciones sexuales.

Sin embargo, después de los honorarios legales, el monto de 12 mil dólares se redujo a sólo 3 mil 500. “Creo que cobraron más de lo debido”, afirmó Grant, quien vive en California.
El litigio por la malla pélvica, también llamada malla transvaginal, califica como una de las demandas colectivas más importantes en la historia de Estados Unidos.

Siete fabricantes, entre ellos Boston Scientific y Johnson & Johnson, están pagando casi 8 mil millones de dólares para resolver las demandas de más de 100 mil mujeres.

Hace una década, los médicos rápidamente implantaban malla sintética para lidiar con problemas de salud ocasionados cuando la vejiga de una mujer hace presión contra su vagina. Pero luego las pacientes se empezaron a quejar de complicaciones como sangrado y dolor agudo.

Los abogados colocaron anuncios buscando mujeres que habían recibido implantes de malla, y miles de pacientes se anotaron para interponer demandas contra los fabricantes.
No ha redituado como se esperaba —la indemnización promedio es de menos de 60 mil dólares, de acuerdo con documentos y entrevistas. Eso es menos que las sumas obtenidas en otras demandas colectivas, y los veredictos ganados por algunas mujeres sugieren que la cifra debería ser más alta.

Y esas indemnizaciones valen mucho menos después de que los abogados cobran sus honorarios —tajadas que se volvieron inusualmente elevadas. Los contratos de servicios permiten que algunos abogados se queden con el 40 por ciento de cada indemnización y en algunos casos el 45 por ciento, más gastos. Ahora algunas mujeres están considerando demandar a sus abogados por la manera en que llevaron sus casos.

Sin embargo, Clayton Clark, socio en Clark Love & Hutson, que resolvió miles de demandas y estuvo involucrado en media docena de juicios, defendió la labor.
Clark, cuya firma utilizó un contrato que le da derecho a “rentar aeronaves privadas” y echar mano de una firma de revisión de expedientes médicos en la que tiene una participación accionaria, afirmó que los gastos fueron justos y completamente transparentes.

El litigio por la malla pélvica inició en forma en el 2011, año en que la Dirección de Alimentos y Medicamentos de EU emitió una advertencia sobre las complicaciones. Varios estudios han mostrado que al menos el 15 por ciento de las mujeres con implantes de malla tuvo problemas, y se espera que se desarrollen más.
Aunque el dispositivo no ha sido prohibido, algunos fabricantes han retirado algunas versiones del mercado.

Michelle Hedgcoth, de 43 años, afirmó que tuvo suerte de que su indemnización de 140 mil dólares estuvo en el extremo más alto de la escala. Pero señaló que el implante y la cirugía para retirarlo le habían dejado lesiones permanentes y un sistema inmune en riesgo. Hedgcoth, que vive en California, tuvo que dejar su empleo a raíz de sus lesiones. Reveló que, después de honorarios, recibió unos 50 mil dólares.

“El dinero que nos ofrecen no es suficiente para el resto de nuestras vidas”, apuntó.

Hasta la fecha, 32 mujeres han ido a juicio en tribunales estadounidenses y 24 han obtenido veredictos en contra de los fabricantes por un total de 345 millones de dólares, para una indemnización promedio de 14 millones de dólares.

Las indemnizaciones han tendido a ser negociadas para miles de mujeres a la vez, en lugar de buscar un jugoso arreglo global. Un abogado que llevó casos a juicio y también manejó indemnizaciones dijo creer que muchos abogados que llegaron a arreglos tenían demasiadas clientes a su cargo como para investigar adecuadamente las acusaciones.

The New York Times