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Por Mokoto Rich

TOKIO — Como corresponde a un director cuyas películas trazan un mapa de lo desordenada que es la vida familiar japonesa, la oficina de Hirokazu Kore-eda está atestada de papeles, libros, fotografías, videocasetes y CDs.

Pero son las docenas de muñecos de Frankenstein que se posan por toda la habitación los que realmente capturan su punto de vista emocional.

“Adoro a Frankenstein”, dijo Kore-eda, con reverencia. “Sencillamente es tan melancólico”.

Kore-eda, de 56 años, cuya obra más reciente, “Un Asunto de Familia”, ha recibido una nominación al Óscar como mejor película extranjera y ha sido un éxito de taquilla en Japón, se especializa en historias sobre personas que soportan una tristeza casi intolerable.

En “Un Asunto de Familia”, que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes en mayo, un grupo de marginados que viven juntos como familia rescatan a una niña de sus padres, que la maltratan, y la inducen a su clan dedicado a los robos menores.

Durante un tiempo, su andrajoso clan parece estar conectado de forma más auténtica que algunas familias que comparten ADN. Pero dudas éticas hacia el final de película llevan a una ruptura devastadora.

Kore-eda dice que sus películas representan una crítica implícita del Japón moderno. Abordan temas de aislamiento e invisibilidad social, así como el entumecimiento de espíritu que puede ir de la mano con el éxito profesional.

“Nadie Sabe”, uno de los filmes más conocidos de Kore-eda antes de “Un Asunto de Familia”, es la historia de cuatro niños pequeños abandonados por su madre en su pequeño departamento en Tokio. En “De Tal Padre, Tal Hijo”, dos parejas de padres se enteran de que sus hijos de 6 años fueron intercambiados en el hospital en que nacieron, lo que lleva a decisiones agonizantes que dejan al descubierto divisiones de clase entre las familias y las deja psicológicamente devastadas.

“No retrato gente ni hago películas donde el público fácilmente pueda hallar esperanza”, dijo Kore-eda. “Algunas personas quieren ver personajes que crecen y se vuelven más fuertes en el curso de la cinta. Pero yo no quiero hacer una película así.

“Es una mentira tan grande”, añadió. “Y no quiero contar una mentira”.

Kore-eda creció sensibilizado a las veleidades de la clase dentro de su propia familia. Su padre, quien fue prisionero de guerra soviético en Siberia, saltaba de un trabajo a otro, una anomalía en la era de los empleos de por vida de la posguerra.

Su madre, que había crecido en una familia adinerada, terminó manteniendo a sus hijos cuando su esposo no podía encontrar o conservar un empleo. Trabajó en una fábrica de reciclaje y en una planta de elaboración de pasteles.

La semilla de “Un Asunto de Familia”, dijo Kore-eda, surgió de un artículo noticioso sobre una familia entera llevada a juicio por realizar farderismo en tiendas en Osaka. Y tras hacer “De Tal Padre, Tal Hijo”, quería explorar aún más el tema de la familia más allá de los lazos de sangre.

Masahiro Yamada, un sociólogo que ha escrito sobre los filmes de Kore-eda, dijo que “Un Asunto de Familia” era un reproche a la visión tradicional de la familia japonesa, donde sólo se confía en las relaciones consanguíneas.

“Los miembros de la familia falsa en la película se preocupan más unos por otros que algunas familias reales”, dijo.

 The New York Times