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Desde el exitoso musical “Hamilton”, los turistas han estado llegando a raudales a la iglesia Trinity Church, parte de una parroquia episcopal en Lower Manhattan que data del siglo 17. Alexander Hamilton y su esposa, Eliza Schuyler Hamilton, están sepultados en el cementerio allí.

Los últimos años han sido buenos para la iglesia. La capilla St. Paul’s Chapel está reluciente tras una nueva capa de pintura. Luego de una limpieza en septiembre, el obelisco de mármol blanco de Hamilton también brilla. Pronto toda la iglesia —y una nueva torre de cristal de 350 millones de dólares en construcción detrás— también brillará.

Aunque muchos lugares de culto mantienen a raya a los desarrolladores inmobiliarios mientras batallan para mantener a sus congregaciones y edificios, Trinity es en sí un desarrollador de alto nivel.

La iglesia siempre ha tenido abundante terreno. Y durante mucho tiempo ha tenido su propia división de bienes raíces, que controla arrendamientos de tierras y rentas de oficinas en los edificios que posee. Ahora se encuentra con un portafolio con valor de 6 mil millones de dólares, de acuerdo con el párroco, el Reverendo William Lupfer.

Trinity Real Estate ha entrado en una coinversión que le brinda una participación mayoritaria en 12 edificios con 560 mil metros cuadrados de espacio comercial. Y mientras construye su torre de cristal —que albergará oficinas, espacios de reunión pública y locales comerciales— Trinity también renueva el interior de su histórica iglesia, lo que se anticipa tenga un costo de 110 millones de dólares.

Trinity ha podido hacer todo esto porque ha sido un administrador astuto de sus recursos. Además, como iglesia, está exenta de impuestos.

Sin embargo, algunos se preguntan sobre la ética de que una institución religiosa sea un jugador de poder tan grande en el mundo de los bienes raíces de Nueva York.

La riqueza de Trinity se puede rastrear a un donativo de 87 hectáreas de la Reina Ana en 1705. Trinity aún posee 6 hectáreas.

En la época en que Trinity recibió el terreno no existía la separación entre Iglesia y Estado.

“Eran una religión favorecida y eso les dio una ventaja”, dijo Rachel M. McCleary, catedrática de Economía en la Universidad de Harvard y coautora del próximo libro “The Wealth of Religions: The Political Economy of Believing and Belonging”. “La pregunta se convierte en, ¿cómo se les debe de ver en un mercado religioso pluralista, y cuál es su respuesta en ese mercado hoy?”.

Patti Walsh, vocera de la Iglesia, dijo que Trinity maneja ese mercado trabajando con otras organizaciones. “Actualmente trabajamos con muchos socios en la Ciudad de Nueva York y alrededor del mundo para construir vecindarios, para ayudar a desarrollar clero y liderazgo laico para la Iglesia, y para ayudar a nuestros socios a proveer de fondos a sus ministerios”.

La Trinity actual es la tercera iglesia en ser construida en la esquina de las calles Broadway y Wall Street. Diseñado en un estilo neogótico por Richard Upjohn y terminado en 1846, el edificio de arenisca rojiza fue la estructura más alta de la Ciudad durante décadas, y uno de los primeros en ser declarado monumento histórico.

Ahora que la iglesia está al centro del auge inmobiliario en Lower Manhattan, no es tanto un oasis de calma sino más bien algo que contribuye al ruido y la perturbación.

La nueva torre de Trinity y su renovación interior destacan en marcado contraste con otras casas de culto alrededor de la Ciudad, muchas con congregaciones cada vez más pequeñas, que batallan para pagar sus cuentas de calefacción y para evitar que el techo tenga goteras.

La riqueza de Trinity le permite apoyar a otras iglesias. Ha donado 10 millones de dólares al año, de acuerdo con Walsh. Además financia sus propios esfuerzos humanitarios, incluyendo una residencia económica de 325 unidades para personas mayores y para personas con discapacidad, así como comidas para 35 mil personas al año.

¿Acaso las iglesias grandes podrían convertirse en la normalidad en NY al tiempo que desaparecen las iglesias más pequeñas?

La Reverenda Donna Schaper, de la Judson Memorial Church en el barrio de West Village definitivamente espera que no sea así. Las iglesias más pequeñas proporcionan no sólo la belleza de sus estructuras históricas, argumentó, sino también servicios sociales como comedores de beneficencia, despensas y sitios de reunión.

“Mi temor es que precisamente lo que hace a NY tan encantadora e interesante —la variedad de nuestra cultura— se ve amenazado por congregaciones que se vuelven restaurantes y departamentos de lujo”, dijo Schaper. “Es casi tan trágico como perder los edificios hermosos”.

The New York Times