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Por Jose A. Del Real, Caitlin Dickerson y Miriam Jordan

TIJUANA, México — Presionados más allá de sus límites por prolongadas esperas en condiciones peligrosas y miserables en el norte de México, miles de miembros de la caravana que habían estado esperando para buscar asilo en EU parecen haberse dado por vencidos, declararon autoridades mexicanas.

Unos 6 mil buscadores de asilo que habían viajado en masa, muchos de ellos en desafío a las demandas del Presidente Donald J. Trump de que dieran vuelta atrás, llegaron al norte de México a fines de noviembre como parte de una caravana que se originó en Honduras.

Desde entonces, más de mil han aceptado una oferta de ser regresados a su país por el Gobierno mexicano, indicaron los funcionarios. Otros mil han decidido quedarse en México, aceptando permisos de trabajo que les ofrecieron el otoño pasado.

Los datos de las autoridades mexicanas sugerían que las rigurosas políticas que Trump ha introducido para reprimir a los buscadores de asilo podrían estar logrando algunos de sus objetivos.

A las políticas que se ciernen sobre los buscadores de asilo —que incluyen estrictos límites al número de personas que pueden solicitar el estatus cada día— se sumó la extensión de una regla de que ciertos buscadores de asilo deben esperar en México durante el tiempo que duren sus casos legales, lo que puede tardar años.

Entre los que han sido disuadidos está Natali, de 32 años. Dijo que ella y su esposo habían huido de su hogar en El Progreso, Honduras, tras atestiguar un asesinato perpetrado por una banda criminal local. Poco después, ella empezó a recibir amenazas por correo advirtiendo que guardara silencio.

Una vez en México, se enteraron de las posibilidades cada vez más lejanas de recibir asilo en EU, y temieron que las autoridades los regresarían a su país de origen.

En vez de cruzar la frontera, decidieron solicitar visas humanitarias para permanecer en México por lo menos un año. “Me gusta Tijuana”, dijo. Más que nada, ella teme que EU la deporte a Honduras.

Elde Rodríguez, de 26 años, dijo que salió de Honduras con la esperanza de enviar dinero a su esposa e hija. Al creer que no calificaría para el asilo intentó cruzar la frontera ilegalmente, pero él y un amigo no encontraron la manera de cruzar y se regresaron.

“Hay suficiente trabajo aquí en México y puedes sobrevivir con eso si estás solo”, dijo Rodríguez. “Pero no puedes ganar lo suficiente para enviar dinero a casa, y ése es el punto de todo esto. Si no puedo entrar, simplemente seguiré intentándolo”.

Muchos de los migrantes habían estado viviendo en condiciones miserables, durmiendo en tiendas de campaña o estructuras improvisadas dentro del complejo deportivo Benito Juárez. Después de que una lluvia torrencial devastó el sitio, la gente que quedaba huyó a un nuevo albergue llamado Barretal. Alguna vez repleto con 2 mil 500 personas, cerró recientemente porque se habían reducido a menos de 200.

Ela Marina Rodríguez, de 49 años, que llegó a Tijuana hace unas semanas con su hija de 16 años, dijo que había oído que traer a su hija les garantizaría la admisión a EU.
Cuando le dijeron que a algunos buscadores de asilo los hacen esperar en México, suspiró y respondió: “no quiero estar aquí”.
Dijo que cruzaría de manera ilegal si eso es lo que se requiere para entrar a EU. Pero declaró que si no logra entrar, probablemente regresaría a Honduras.

The New York Times