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Por Adrienne Harris

Los programas y documentales nuevos sobre el ascenso y la caída de estafadores sin escrúpulos han estado cautivando al público estadounidense con relatos de engaños.
En el curso de los últimos dos años, muchos han estado siguiendo la historia de John Meehan, el hombre que enamoró con engaños a una mujer del sur de California antes de causarle estragos a su familia.

Más de 42 millones de cibernautas descargaron el podcast de The Los Angeles Times que detalló la manera en que él se aprovechó de Debra Newell. Y más de 3.3 millones de personas vieron el final de temporada de “Dirty John”, el retrato de la cadena Bravo TV del hombre quien no hizo nada por Newell más que mentir, engañar, robar y tratar de asesinar a su hija.

En marzo, HBO transmitirá un documental sobre Elizabeth Holmes, la fundadora de la compañía de arranque Theranos, que alguna vez fue valuada en más de 9 mil millones de dólares, pero no logró cumplir con su promesa de revolucionar las pruebas de sangre.

Y Netflix y Hulu acaban de estrenar sendos documentales sobre el desastroso Fyre Festival del 2017, que perdió 25 millones de dólares y envió a su organizador, Billy McFarland, a prisión por fraude electrónico.

Una fascinación con los estafadores no es nada nuevo. Como escribió Amanda Hess en The New York Times, la raíz de la palabra scam (engaño), “scamp” (bribón), del ámbito de las ferias ambulantes de principios del siglo 20, significa “canalla adorable”.

Existe una admiración extraña por estos embusteros atrevidos, quienes, como escribió Abby Ellin en The New York Times, “rompen el contrato social de una manera tan amplia y consistente”.

Sin embargo, también hay un sentido de temor de que uno podría ser la siguiente víctima.

Se necesitaron sólo algunas imágenes y videos virales de modelos retozando en un yate para que McFarland hiciera que millennials compraran boletos costosos para Fyre, el festival de lujo de fin de semana en una isla de las Bahamas que él falsamente declaró que alguna vez perteneció a Pablo Escobar, el capo de la droga colombiano.

El festival nunca se realizó, y quienes llegaron a la isla fueron recibidos por un área de tiendas de campaña con colchones húmedos.

Y fue el hambre del Valle del Silicio por el crecimiento (y el dinero) rápido, y la obsesión de Holmes con tubos de ensayo con sangre, lo que embaucó a inversionistas al sacarles cientos de millones de dólares. Holmes ahora enfrenta cargos por fraude al tiempo que Theranos deja de operar.

El año pasado, los estadounidenses perdieron 143 millones de dólares por engaños amorosos, con el número de denuncias al Gobierno federal aumentando más del doble en los últimos tres años, de acuerdo con The Times. Y este tipo de tretas provocaron más daño económico que cualquier otro.

Algunas personas ya están tratando de protegerse.

Una conferencia titulada “Cómo Atrapar a un Mentiroso”, el año pasado en CrimeCon, una convención de tres días sobre delitos reales, en Nueva Orleans, atrajo a más de mil personas, un público más numeroso de lo que esperaban los organizadores, como Kevin Balfe.

Afirmó que no debería haberle causado sorpresa. Con la confianza en instituciones como la Iglesia católica y el Gobierno mermando, “el resultado es una tendencia natural de muchas personas de tratar de determinar qué es real y distinguir entre hechos y fraude”, explicó a The Times.

The New York Times