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Por Asher Elbein

El paciente definitivamente nunca supo de dónde provenía el dolor en la cadera, o por qué su pierna izquierda dejó de funcionar. El diagnóstico llegó 240 millones de años después, cuando apareció un fémur en el lecho de un antiguo lago en Alemania, con un lado desfigurado por un tumor óseo maligno.

El cáncer rara vez aparece en el registro fósil y su historia entre vertebrados no se entiende del todo. El 7 de febrero, un equipo de investigadores que escribió en la publicación JAMA Oncology describió al fémur como el caso más antiguo que se conoce de cáncer en un amniota, el grupo que incluye a reptiles, aves y mamíferos.

Recolectado originalmente por Rainer Schoch, del Museo Estatal de Historia Natural de Stuttgart, Alemania, el fémur pertenecía a un animal de cuerpo ancho y cola larga llamado Pappochelys, un pariente sin caparazón de las tortugas modernas.

El crecimiento dentado del fémur llamó la atención de Yara Haridy, paleontóloga en el Museo de Historia Natural, en Berlín.

Haridy dijo que las marcas que dejan enfermedades y lesiones pueden arrojar luz sobre animales antiguos. El estudio de esos fósiles recibe el nombre de paleopatología, y combina aspectos de ciencia forense y prácticas médicas modernas.

Al examinar escaneos del fémur tomados con microtomografía computarizada, Haridy y sus colegas identificaron la inflamación como un osteosarcoma, un tipo de cáncer de hueso también encontrado en los humanos.

La falta de evidencia de cáncer prehistórico ha llevado a investigadores a especular que la enfermedad es un fenómeno moderno relacionado con una vida poco sana, la contaminación o que la gente vive mucho más tiempo que antes.

Otros especialistas han sugerido la posible presencia de un gen supresor de tumores en los vertebrados, que al fallar permite que tumores benignos hagan metástasis. Sin embargo, ante la ausencia de evidencia fósil, no ha habido pruebas de ello.

Algo que se suma a la incertidumbre es que algunos linajes animales parecen menos susceptibles al cáncer que otros, mientras que los tumores en invertebrados no se parecen mucho a los de los vertebrados.

De todos modos, otros hallazgos recientes sugieren la antigüedad del cáncer. En el 2001 paleontólogos rusos identificaron un posible osteosarcoma craneal en un anfibio del Triásico Temprano, mientras que en el 2016 se reportó un tumor de mandíbula hallado en un predecesor de los mamíferos de 255 millones de años de antigüedad.

“Lo que hace que esto sea realmente genial es que ahora entendemos que el cáncer es, en esencia, un interruptor profundamente arraigado que puede ser encendido o apagado”, dijo Haridy. “No es algo que sucedió hace poco en nuestra evolución. No es algo que sucedió al inicio de la historia humana, ni siquiera de la historia de los mamíferos”.

The New York Times