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Por David M. Halbfinger

JERUSALÉN — El Primer Ministro Benjamin Netanyahu, con su futuro en riesgo tanto por un escándalo de sobornos como por rivales políticos, ha enfurecido a los líderes judíos en Israel y EU al hacer un trato con un partido racista antiárabe cuya ideología fue comparada por un rabino influyente con el nazismo.

El furor ha agravado las relaciones ya tensas entre Israel y los judíos en la diáspora, debilitando los esfuerzos de los judíos estadounidenses y europeos por combatir el antisemitismo en un momento en que está en auge.

Netanyahu, intentando capturar todo voto potencial, ha recurrido al partido extremista Otzma Yehudit, o Poder Judío, cuyos líderes tienen un historial de expresar apoyo a la violencia contra palestinos, la expulsión de árabes de Israel y de los territorios ocupados y un veto a los matrimonios mixtos o las relaciones sexuales entre judíos y árabes.

Netanyahu hizo arreglos para que el grupo se fusionara para fusionarse con un partido un tanto más convencional de sionistas religiosos, el Hogar Judío. Ese pacto podría lanzar fácilmente a Otzma Yehudit de los márgenes objetables a la próxima coalición gobernante de Israel. 

Los líderes de Otzma Yehudit se autodenominan orgullosamente discípulos de Meir Kahane, el miliciano antiárabe nacido en Nueva York quien cumplió un periodo en el Parlamento israelí en los 80 antes de que su partido Kach fuera vetado en Israel y declarado un grupo terrorista por EU. Fue asesinado en 1990.

Como lo hizo Kach, la plataforma de Otzma Yehudit hace un llamado a anexar los territorios ocupados, a rechazar un Estado palestino, a expulsar a los “enemigos” de Israel —un eufemismo de árabes— y a tomar “posesión” del Templo del Monte. El sitio, en Jerusalén, es sagrado tanto para musulmanes como para judíos, y es administrado por clérigos musulmanes bajo supervisión jordana.

El pacto entre Netanyahu y los kahanistas desató una erupción en grupos judíos liberales como J Street y Americans for Peace Now. Pero la indignación no se limitó a la izquierda. El 22 de febrero, el Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel, el grupo de cabildeo estadounidense conocido como Aipac, y el Comité Judío-Estadounidense tacharon las ideas de Otzma Yehudit de “reprobables”. Juraron no tener ningún contacto con sus líderes aún si se vuelven parte del próximo Gobierno.

Desde su púlpito en la Sinagoga Ramban, el rabino Benny Lau, de Jerusalén, un pilar del sionismo religioso, comparó el kahanismo con el nazismo.

En el sistema parlamentario israelí, los partidos pequeños como el Shas ultraortodoxo pueden ser cruciales para formar una coalición mayoritaria, y Netanyahu habitualmente ha hecho acuerdos que les brindan influencia desmedida.

Pero esta vez, Netanyahu está contendiendo con cargos de corrupción ampliamente esperados en su contra, y enfrenta su reto más difícil hasta ahora de Benny Gantz, un centrista y ex jefe militar popular.

Los dos líderes de Otzma Yehudit que podrían ganar escaños en el Knesset, dependiendo del porcentaje de la votación para la coalición en abril, son Michael Ben Ari e Itamar Ben Gvir. Son los cofundadores de Lehava, que se opone a las relaciones árabes-judías y fue implicado en un incendio provocado en una escuela para niños judíos y árabes en Jerusalén, en el 2014.

Ben Ari llama a los árabes el “enemigo” y aboga por su expulsión. EU lo considera miembro de una organización terrorista.

Ben Gvir, quien fue asistente legislativo de Ben Ari, ha admitido que tiene una foto en su hogar de Baruch Goldstein, el seguidor de Kahane quien masacró a 29 palestinos mientras oraban en una mezquita en Hebrón, en 1994.

Con la expectativa de que el Procurador General anuncie que buscará acusar formalmente a Netanyahu en un escándalo de sobornos, el Primer Ministro también espera reunir legisladores suficientes para mantenerlo en el poder aún si es llevado a juicio —”lo que se podría llamar una coalición a prueba de acusaciones”, comentó Yohanan Plesner, presidente del Instituto Democrático de Israel.

Netanyahu incluso traicionó a su propio partido, Likud, cediendo una de sus candidaturas al Knesset a un miembro de Hogar Judío como recompensa por la fusión. También prometió a Hogar Judío los ministerios de Vivienda y Educación.

Yossi Klein Halevi, experto en el Instituto Shalom Hartman, en Jerusalén, quien fue seguidor de Kahane en los 70, pero renunció a sus ideas, dijo que los israelíes aún no han asimilado las ramificaciones de la fusión Otzma Yehudit-Hogar Judío.

“Nos espera un momento importante de ajuste de cuentas”, advirtió. “Cada vez más israelíes se van a dar cuenta de lo que significa eso”.

 The New York Times