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Por Dan Bilefsky

MONTREAL — “Hacen que suban las rentas y roban nuestras mujeres”. “Viajan en grupos de 10 y se quejan todo el tiempo”. “Hay demasiados franceses en el Plateau”.
Ésta es parte de la letra de una canción autoburlona escrita por Fred Schneider, redactor publicitario francés de 38 años, que la cantaba recientemente en un bar en Montreal.

La multitud en su mayoría quebequense se reía a carcajadas al burlarse la canción de un influjo de franceses presuntuosos, sabelotodo y fumadores empedernidos que están “ocupando” el barrio Plateau-Mont-Royal. El área está repleta de residentes franceses, panaderías francesas y acentos parisinos.

Schneider es uno de los galos que han ido en tropel a Montreal. Son atraídos, en parte, por el estancamiento económico en su País.

Pero los quebequenses y los franceses a veces suenan como dos pueblos divididos por un idioma común. “Nosotros jugamos futbol, los quebequenses juegan hockey sobre hielo”, dijo

Louis Myard, de 22 años, estudiante de ciencias políticas en la Universidad de Montreal, cuya familia se mudó de París a Montreal. “Nosotros decimos ‘dîner’ (cena), ellos dicen ‘souper’; nosotros preferimos el vino, ellos prefieren la cerveza; nosotros fumamos cigarros, ellos fuman hierba”.

Salomé Zimmerlin, de 23 años, que fue a Quebec para estudiar Economía, dijo que le sorprendió que los quebequenses usaran el pronombre informal “tu” en lugar del “vous” más formal, aunque rápidamente acogió la informalidad.

Pero Zimmerlin, que fundó una marca de moda unisex, “Kafka”, dijo que cualquier choque cultural fue más que compensado por la atracción de una sociedad que, afirmó, es menos rígida que Francia. “Si hubiera tratado de iniciar una marca de moda en París, la gente se habría reído en mi cara debido a mi falta de experiencia”, señaló. “Aquí, la reacción fue, ‘¡muéstrame lo que puedes hacer!’”.

Los franceses son atraídos a Quebec por una tasa de desempleo que ronda el 5.5 por ciento, contra más del 9 por ciento en Francia, y algunas ventajas bajo las reglas de inmigración por hablar y escribir francés.

Hay unos 130 mil franceses en Montreal. Pero la desorientación para los recién llegados puede ser implacable. El poutine, las papas fritas con queso bañadas en gravy amadas en Quebec, parecería deberle más a la cultura británica y estadounidense que a Francia. Luego están todas esas palabras inglesas como “cute” (lindo), “weird” (extraño) y “fun” (divertido).
Adeline Alleno, parisina de 29 años, que halló un trabajo de mercadotecnia de alto nivel en Quebec, dijo que su generación fue estimulada por el Presidente Emmanuel Macron, pero quedó frustrada por su incapacidad para cumplir sus promesas.

“Aquí puedo encontrar un buen empleo, comprar un casa, estoy cerca de la naturaleza y tengo calidad de vida, y aún puedo vivir en francés”, dijo, y agregó: “estoy enojada con Francia por fallarme”.

 The New York Times