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Por Kimiko de Freytas-Tamura

BELTURBET, Irlanda — Cuando cruzó la frontera a Irlanda del Norte hace poco, Patrick O’Reilly sintió cómo se tensaba su cuerpo, una sensación que antes era familiar, pero que pensó nunca regresaría. Y, sin embargo, ahora el temor y la ansiedad volvían a hacerse sentir.

O’Reilly culpa a Gran Bretaña por suscitar esos agravios. Su anticipada salida de la Unión Europea, conocida como Brexit, reabre viejas heridas en Irlanda contra su antiguo amo colonial.

“Los británicos están a punto de volver a patearnos en los dientes”, dijo O’Reilly, un gerente de bar jubilado.

En la tortuosa historia entre las dos naciones, Brexit es sólo la más reciente en una larga lista de ofensas percibidas que los irlandeses han sufrido a manos de los británicos. Y ahora, con la posible excepción de Gran Bretaña, ningún país se perfila para perder más por Brexit que Irlanda.

No sólo sería eso económicamente destructivo. Si resulta en el regreso de una fuerte frontera internacional, podría socavar el trato de paz de 1998 con Irlanda del Norte, conocido como el Acuerdo de Viernes Santo, dijo Diarmaid Ferriter, autor de “The Border” (La Frontera).

“La frontera no es sólo un asunto comercial técnico, es psicológico, es social”, dijo.

Aunque el impacto final de Brexit es debatible, no hay duda de que el asunto aviva las tensiones entre ambos países. Comentarios mordaces dirigidos hacia Irlanda por partidarios británicos de Brexit debido a la así llamada “salvaguarda”, una especie de póliza de seguro contra una frontera dura que se debate en las negociaciones para la salida de la Unión Europea, han exacerbado el sentimiento irlandés.

“El discurso general en partes de Reino Unido es extremadamente arrogante y bastante condescendiente, el sentimiento de que ‘esta gente no sabe cuál es su lugar’”, dijo Tony Connelly, director editorial europeo de RTE News y autor de “Ireland and Brexit” (Irlanda y Brexit).

“Eso, a su vez, ha despertado una especie de resistencia ancestral también en el lado irlandés”, dijo. “Todas estas terminaciones nerviosas históricas que quedaron enterradas por el proceso de paz angloirlandés han resucitado un poco”.

El Acuerdo de Viernes Santo puso fin a alrededor de 30 años de luchas en Irlanda del Norte, que es parte de Reino Unido, entre comunidades predominantemente católicas que favorecían unirse a la República de Irlanda y los partidarios en gran parte protestantes de la Corona Británica, respaldados por tropas británicas.

Durante el Conflicto de Irlanda del Norte, al menos 3 mil 500 personas resultaron muertas y las relaciones entre Dublín y Londres fueron tensas.

Los años recientes habían sido algunos de los mejores que se recuerdan en Irlanda, con la economía de más rápido crecimiento en Europa y las mejores relaciones que ha tenido con Gran Bretaña. Pero la tasa de crecimiento del 7.8 por ciento del año pasado está en peligro y Leo Varadkar, el Primer Ministro de Irlanda, describió hace poco los lazos con Londres como “deshilvanándose”.

El sector agrícola se llevará la peor parte de Brexit. Irlanda exporta alrededor de la mitad de su carne de res, una cuarta parte de sus productos lácteos y casi todos sus hongos a Gran Bretaña, de acuerdo con cifras oficiales.

La carne de res y artículos lácteos podrían quedar sometidos a aranceles de hasta un 70 por ciento en caso de un Brexit sin acuerdo.

Eugene Kiernan dirige Breffni Mushrooms, una empresa productora de hongos que exporta el 95 por ciento de sus productos a Gran Bretaña. Con márgenes de ganancias de apenas entre un 2 y 3 por ciento, la compañía batallaría para sobrevivir un posible arancel del 12 por ciento.

Los británicos “no han pensado en las consecuencias” de Brexit, dijo. “Es su mentalidad. Todavía piensan que son amos y señores por encima de toda la demás gente. Vienen y causan todo tipo de problemas y dejan todo tipo de desastre a su paso”.

 The New York Times