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Por Ingrid K. Williams

En una despejada noche de enero en el norte de Suecia, tras haber pasado horas entrecerrando los ojos y preguntándome si esta o aquella nube podría ser la aurora boreal, un listón resplandeciente de color verde extraterrestre se extendió a través del cielo.

Ahí, en los márgenes del congelado Río Torne, justo a las afueras del poblado de Kurravaara, no se escucharon ni los misteriosos aplausos ni crepitación que investigadores finlandeses han grabado con el hipnotizante espectáculo conocido como la aurora boreal. En lugar de ello, el único sonido fue el grito jubiloso de una pareja originaria de Shanghai saliendo apresuradamente de una cabaña, con la cámara de un teléfono Huawei apuntando al cielo.

En una era en la que el mundo digital ha erosionado los lapsos de atención, la aurora boreal aún exige presencia y paciencia, un viaje a latitudes norteñas remotas y fortaleza para resistir condiciones árticas. A pesar de estos retos, las imágenes saturadas de color de la aurora en las redes sociales y los medios tradicionales continúan inspirando a crecientes números de viajeros.

“Ver la aurora boreal se ha convertido en algo obligatorio en la vida”, dijo Arne Berth, dueño y director creativo del Icehotel, en Kiruna, Suecia, donde todos los inviernos, gente con la esperanza de ver la aurora va en busca del fenómeno al que él llamó “los fuegos artificiales de la naturaleza” antes de retirarse a sus habitaciones de hielo a temperaturas bajo cero.

En Alaska, el número de visitantes invernales superó los 320 mil el año pasado, un aumento del 33 por ciento en comparación con la década anterior, de acuerdo con la Asociación de la Industria de Viajes de Alaska, que le da crédito a la aurora por la mayoría de ese turismo. En los Territorios del Noroeste de Canadá, la remota capital de Yellowknife se ha promocionado como un destino destacado para la aurora boreal, sobre todo entre viajeros en Asia. De acuerdo con un reporte del Gobierno de los territorios, el número de turistas que acuden para ver la aurora aumentó más del cuádruple durante los últimos seis años.

El reporte gubernamental calculó que esos turistas gastaron más de 40 millones de dólares la temporada pasada.

El interés en los viajes para ver la aurora boreal ha impulsado una mejora en la infraestructura turística, desde el norte de Rusia hasta Finlandia, Suecia, Noruega, Islandia y Groenlandia.

“Es tan difícil pintar una imagen del abrumador impacto emocional que tiene”, dijo Trond Trondsen, experto en la aurora boreal, en Calgary. “La llamaría luces danzantes en el cielo. Tiene un ritmo y posee un esquema de color. Es casi como música visual celestial”.

Trondsen explicó que al tiempo que el campo magnético del Sol se fortalece y debilita, puede volverse inestable, lo que resulta en fulguraciones solares y lo que se llama eyección de masa coronal. “Básicamente, el Sol eructa un trozo de sí mismo hacia el espacio”, dijo. “Y estas son partículas —electrones, así como una parte de su propio campo magnético”.

Algunas de estas partículas llegan a la Tierra, donde el campo magnético a la larga las atrae hacia el Polo Norte y el Sur, donde pueden penetrar la atmósfera. “Es cuando estos electrones golpean nuestra atmósfera que se obtiene la aurora”, continuó Trondsen.

Urban Braendstroem, investigador de la aurora en el Instituto Sueco para Física del Espacio, en Kiruna, dijo que Abisko, con las noches más despejadas en Suecia, es un gran lugar para apreciar la aurora. Abisko es un poblado 200 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico, con una población que ronda los 125 habitantes.

Todos los operadores turísticos afirman que su ubicación es la mejor para ver la aurora y Torsten Aslaksen, un guía en Tromso, Noruega, no es la excepción.

Señala la proximidad de Tromso al polo magnético, su conocida infraestructura y paisaje variado. “Cuando tenemos nubes en la costa, podemos manejar al interior para encontrar cielos despejados”, dijo.

Entonces sólo es cuestión de esperar el espectáculo cósmico. “Puede ser tan brillante que proyectará sombras en el suelo”, dijo.

Pero en general, las auroras más brillantes y potentes son menos comunes ahorita. “El Sol se vuelve más y menos activo en un ciclo de aproximadamente 11 años”, dijo Trondsen. “Y en este momento, estamos en el declive”.

Pero eso no significa que los viajeros deban posponer un viaje hasta el periodo de más actividad del ciclo, el máximo solar, que está a varios años de distancia. “Mientras tanto, tendremos eyecciones de masa coronal, tendremos fulguraciones solares, así que habrá aurora, sólo que no tan frecuentemente”, dijo.

“Pero anticipo que en cuatro o cinco años, nos dejará totalmente deslumbrados”, añadió.

 The New York Times