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Por Joshua Hammer

El sendero que conduce al volcán Morada del Diablo atraviesa un campo de lava ennegrecida. Unas lagartijas magallánicas negras cubiertas de puntitos blancos corrían por el suelo, y el cadáver de un guanaco, un animal salvaje que pasta y es pariente de la llama, se asaba bajo el sol. Un puma probablemente lo había matado, dijo mi compañero chileno, Álvaro Soto.

Atravesé con cuidado la tierra endurecida, llena de hoyos suficientemente grandes para torcer un tobillo. Después subimos sobre un montón de piedras que se deslizaban bajo nuestros pies y emergimos en la cima del cráter.

Desde su borde, contemplamos un yermo fuera de este mundo: una pared curva verde y hendida por grietas formaba la orilla del volcán. Unas empinadas cuestas con piedras sueltas y tierra llena de hematita de matices rojos bajaban hacia el abismo. Los graznidos de unas bandurrias, aves grandes con cuellos blancos y rojizos y picos grises curvos que se alimentan de roedores, hacían eco en el cañón.

Estábamos en lo profundo del Parque Nacional Pali Aike, una de las reservas más dramáticas en Chile, a 175 kilómetros al norte de Punta Arenas. El área está salpicada de volcanes, formados durante la era jurásica hace 100 millones de años, por la colisión del Dorsal de Chile y la fosa oceánica Perú-Chile.

Tres erupciones —la primera hace 3.8 millones de años, la más reciente hace 15 mil años— cubrieron la estepa con derrames de lava negra y pilares, columnas y parapetos de basalto, que brillan amarillo, rojo y gris verdusco en la implacable luz solar del desierto. Media docena de cráteres y conos colapsados se cierne sobre el terreno.

Pese a la desolación, esta reserva de 80 kilómetros cuadrados, establecida por el Gobierno chileno en 1970, abunda en fauna silvestre: liebres, zorrillos, armadillos, zorros grises, pumas, guanacos, lagartijas y docenas de especies de aves que viven sólo en Patagonia. Los flamencos chilenos, manchas rosas y naranjas en un paisaje chamuscado, se reúnen en los lagos.

Pali Aike es uno de los atractivos menos conocidos en la nueva Ruta de los Parques de Chile, un camino de 2 mil 800 kilómetros por la naturaleza virgen que se develó el año pasado. De acuerdo con la Corporación Nacional Forestal de Chile, que administra el parque, Pali Aike recibió a sólo 2 mil 537 visitantes en el 2016, la mitad de ellos extranjeros. Eso equivale a siete personas por día.

Kristine McDivitt Tompkins, viuda de Douglas Tompkins, fundador de la empresa The North Face, donó 400 mil hectáreas de la naturaleza virgen de Patagonia al Gobierno chileno en el 2017. De esa tierra, Chile creó dos reservas nuevas, el Parque Nacional Pumalín Douglas Tompkins y el Parque Nacional de Patagonia en Chile.

Como parte del trato, el Gobierno reservó 3.6 millones de hectáreas adicionales para mejorar la red de parques nacionales del País. Un total de 17 parques nacionales ahora han sido conectados por la Ruta de los Parques, un sendero para excursionistas que serpentea junto a montañas, glaciares, volcanes, bosques y estepas áridas y sigue aproximadamente la Carretera Austral a través de Patagonia.

La nueva ruta refleja el creciente compromiso del Gobierno chileno con preservar los paisajes prístinos de Patagonia —y su fauna aviar sin igual.

 The New York Times