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Por Maria Abi-Habib

Cuando hace décadas los hippies viajaban por tierra de Europa a India, el pequeño Estado de Goa a menudo era la última parada en el camino, dando la bienvenida a sus playas a occidentales que querían un lugar donde la vida fuera barata, abundaran las drogas y nadar desnudo fuera la norma.

“La actitud y la apertura de los goanos permitió que floreciera la cultura hippie”, afirmó Elisabeth Ramnacher, de 58 años, una alemana que llegó por primera vez en los 80 y ahora es propietaria del café Villa Blanche.

Sin embargo, la mayor parte de la comunidad rebelde original ha desaparecido. Ha caído víctima de la edad, el costo más alto de la vida y la muerte de la senda hippie de fines de los 70, al tiempo que las guerras cerraban la ruta.

El golpe final llegó cuando, hace una década, el Gobierno inició una ofensiva contra los negocios informales que los hippies habían establecido para ganarse la vida, señalaron los miembros restantes de la comunidad.

Hoy, el estilo de vida rebelde de Goa atrae a un tipo de viajero totalmente distinto —jóvenes indios que llegan a raudales para celebrar sus despedidas de soltero o bailar sobre las barras de los bares.

A medida que la economía de India prospera y desarrolla una clase media que apenas si existía hace dos décadas, Goa se ha transformado de un enclave relajado para occidentales bohemios a ser un enorme destino turístico para los indios.

El concepto de vacaciones es relativamente nuevo para muchos indios, producto de la liberalización económica y el auge subsecuente en los últimos 30 años.

En un País de 1.3 mil millones de habitantes, si sólo el 1 por ciento de la población se incorpora a la clase media, 13 millones de personas más podrían tomar vacaciones.

La típica familia india de clase media aún percibe mucho menos ingresos que su contraparte de Occidente. Esto ha dirigido el turismo al interior del País, a lugares como Goa.
Anualmente, los turistas superan por 5 la población de 1.5 millones de habitantes de Goa.

Jagdeep Singh, de 35 años, de la ciudad de Chandigarh, en el norte del País, afirma que puede costear vacaciones como éstas gracias al crecimiento del sector privado de India. 

“Mi familia nunca salía de vacaciones cuando yo era pequeño”, recordó. “Mi hijo tiene 2 años y ésta es la segunda vez que viene a Goa. Conoce más de India que mis padres”.

Aunque el turismo ha beneficiado a la economía local, no todos están contentos con las multitudes. La mayoría de los visitantes proviene del norte conservador de India.

Los goanos describen su propio estilo de vida como “susegad”, del portugués “sossegado”, un término que transmite la satisfacción relajada de vivir allí.

A los residentes, y a los visitantes de largo plazo, les preocupa que la afluencia de personas del norte pueda cambiar la cultura tolerante de Goa.

“Goa solía ser un lugar donde podías soltarte el pelo y ser quien quisieras ser”, comentó Stafford Braganza, de 45 años, quien es gay y cuya familia es de Goa, pero quien vive y trabaja en Mumbai.

Aunque la Suprema Corte de India despenalizó la homosexualidad el año pasado, Braganza dijo que la presencia de turistas del norte de India lo hacían sentir menos libre.

Cuando el mercado de Anjuna era un bazar hippie, se regía por el regateo, no por el dinero. Pero la comunidad de comerciantes hippies fue borrada casi por completo cuando el

Gobierno comenzó a esperar el pago de impuestos y la compra de licencias para negocios.

Se pueden hallar vestigios del mercado hippie original, pero estos vendedores dicen que quizás no duren mucho tiempo más.

“Han quedado atrás los días de piratería”, afirmó Michelle Antonio, de 53 años, un comerciante italobrasileño que vende artesanías, y residente de Goa desde hace unos 25 años.

“Sí, ha habido una campaña”, dijo, pero no estaba amargado y, en lugar de ello, agradecía el tiempo allí.

 The New York Times