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Por Nellie Bowles

SYDNEY, Australia — Atlassian es una compañía de software muy aburrida. Desarrolla productos para ingenieros de software y gerentes de proyectos, con éxitos como Jira (para administración de proyectos de software y monitoreo de fallas) y Fisheye (un navegador de control de revisiones).

¿Entonces por qué sus fundadores son nombres famosos en Australia?

Porque Scott Farquhar y Mike Cannon-Brookes, ambos de 39 años, son los primeros multimillonarios del ramo tecnológico que pasaron de una empresa de arranque a cotizar en la bolsa. Y porque en el último año, han empezado a hacerse oír.

Hasta hace poco, permanecieron en gran parte fuera de la mirada pública, aun al tiempo que Atlassian se convertía en una firma de 20 mil millones de dólares. Ahora, mientras la política australiana se inclina a la derecha en temas como inmigración, ciberseguridad y cambio climático, ellos emergen como voces políticas.

La otra razón de que ahora sean famosos: en el 2017, Farquhar compró la residencia más cara de Australia, una histórica mansión de Sydney que se vendió en 73 millones de dólares australianos (52 millones de dólares de EU).

En diciembre, Cannon-Broo-kes rompió ese récord cuando adquirió la casa de al lado.

Se conocieron cuando eran estudiantes en la Universidad de Nueva Gales del Sur y fundaron Atlassian tras graduarse.

La compañía despegó casi de inmediato.
Pero el Silicon Valley les prestó poca atención. Cuando su amigo Didier Elzinga, fundador de Culture Amp, se hallaba en una cena de capitalistas de riesgo en California, un inversionista preguntó por qué la gente debería interesarse en Atlassian.

“Y contesté, ‘O.K. Dígame de una compañía del Valley que esté cotizada con una capitalización de mercado de 5 mil millones de dólares y donde los dos fundadores posean el 75 por ciento’”, dijo Elzinga. “No necesitaron al Silicon Valley”.

Primero desconcertaron al Silicon Valley. Y luego desconcertaron a Australia.
“La ortodoxia entre las compañías tecnológicas australianas es permanecer alejadas de la política”, dijo Alan Jones, fundador de M8 Ventures, firma australiana de capital de riesgo. “Y luego ahora están estos cuates”.

En su activismo político, Cannon-Brookes a menudo es el rostro público, posteando en Twitter y hablando con los medios noticiosos, mientras que Farquhar se enfoca en Canberra, la capital.

Ambos se interesaron más en la política australiana después de que la coalición gobernante abandonó los esfuerzos para abordar el cambio climático y avivó los temores en torno a la inmigración.

Eso presentaba un problema para una empresa que necesita contratar ingenieros, a menudo del extranjero. Así, el principal objetivo de los fundadores en un principio fue hacer a Australia más amigable con la tecnología y a sus políticos más conscientes de ésta.

Cannon-Brookes es ferviente en materia del cambio climático. A medida que el Primer Ministro Scott Morrison ha dado marcha atrás a las ambiciones de energía renovable de Australia, Cannon-Brookes se ha vuelto un crítico acérrimo.

“Usted me ha hecho enojar y me ha inspirado”, le dijo al Primer Ministro en Twitter.

Farquhar se enfoca más en las cuestiones alineadas con la suerte de Atlassian: ciberseguridad e inmigración.
Luego de que el programa de trabajadores calificados del País eliminó varios roles tecnológicos de sus categorías aprobadas de visas, Farquhar y Cannon-Brookes cabildearon al Parlamento para que se añadieran más oportunidades para la contratación internacional.

Dirigir una empresa tecnológica en crecimiento en Australia es un reto, dijeron los fundadores. Las contrataciones son difíciles. Dos terceras partes de la fuerza laboral de Atlassian están en San Francisco.

Cada dos años, los fundadores de Atlassian organizan un retiro privado, invitando a todas las startups australianas valuadas en más de 100 millones de dólares, que son alrededor de una docena. El objetivo es alentar la camaradería y compartir mejores prácticas. Es una de las muchas razones por las que los dos hombres dicen que no dejarían Australia por el Silicon Valley.

 The New York Times