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Por Andrew Keh

WEISSENSEE, Austria — Mil patinadores holandeses se reunieron recientemente antes del amanecer en la superficie congelada del Weissensee, el largo y estrecho lago que da nombre a este poblado. Las condiciones eran brutales, pero ellos estaban en el cielo.

“Lo más hermoso en la vida es patinar sobre un suelo de hielo negro, en el frío, escuchando los sonidos del patinaje en la naturaleza”, dijo Wim Wiltenburg, de 53 años, un banquero de Tilburg. “Es mejor que el sexo”.

El patinaje de velocidad sobre hielo natural es un querido pasatiempo holandés. La tradición está viva —pero no necesariamente en los Países Bajos, donde el cambio climático ahora produce inviernos demasiado cálidos para que las vías fluviales se congelen uniformemente. Esto se ha dejado sentir más profundamente en un evento histórico llamado Elfstedentocht, un tour de patinaje de velocidad de un día de duración a través de 11 ciudades de la provincia de Frisia. Ocupa un lugar sagrado en la cultura holandesa.

La carrera se ha celebrado de manera informal desde fines del siglo 18 y más oficialmente desde 1909. Cubriendo una ruta continua de unos 200 kilómetros, el Elfstedentocht se lleva a cabo sólo cuando los lagos y canales de Frisia desarrollan 15 centímetros o más de hielo. Desde su creación en 1909 hasta 1963, el Elfstedentocht se celebró 12 veces. Desde entonces, ha habido tres, el más reciente en 1997. Algunos en Frisia se preguntan si alguna vez se volverá a celebrar ahí.

Pero los holandeses se niegan a dejar morir su espíritu. Así que cada invierno, cerca de 6 mil de ellos realizan una peregrinación a Weissensee. Conocida como el Elfstedentocht Alterno, la carrera reubicada ofrece a los holandeses la rara oportunidad de patinar la misma asombrosa distancia de 200 kilómetros que sus antepasados.

“En el pasado, nuestros canales y lagos siempre estaban congelados”, dijo Toine Doreleijers, uno de los organizadores. “Ese ya no es el caso, pero aún está en nuestra sangre”.
Hans Visser, de la Agencia Holandesa de Evaluación Ambiental, dijo que la probabilidad anual de un Elfstedentocht bajó de un 26 por ciento en 1950 a un 6.7 por ciento en el 2017.

El Elfstedentocht alterno en Austria intenta satisfacer el anhelo de los holandeses. En enero, la pista de 12.5 kilómetros zigzagueaba a lo largo del lago, que desde lejos parecía un hormiguero, con patinadores pasando a gran velocidad.

Los competidores, que tenían entre 14 y 77 años, patinaron 16 vueltas, con un ojo puesto en el hielo, que tenía grietas. Todos arrancaron en la oscuridad, y el último terminó en la oscuridad, 11 horas después.

Marieke Lassche, de 59 años, terminó en 9 horas 53 minutos 11 segundos. Ella patinó el Elfstedentocht original en 1986, cuando tenía 26 años. Dijo que apreciaba el ambiente prístino de Weissensee, pero que soñaba con patinar a través de la cacofonía de Frisia una vez más.

“Empiezas en Leeuwarden cuando está oscuro, pero hay autos con sus faros encendidos, gente, música y muchas bandas”, dijo sobre esa experiencia hace 33 años. “Llegas a la ciudad y todo el mundo grita: ‘¡Vamos, tú puedes! Te dan alas”.

Klasina Seinstra, de 50 años, tiene 27 de estar viajando a Weissensee, primero como patinadora y ahora como entrenadora. Ella impuso el mejor tiempo femenino en el lago austriaco en 1995, 1996 y 1997, antes de convertirse en la primera mujer en cruzar la línea de meta en el Elfstedentocht de 1997, el último celebrado en los Países Bajos. “Se me llenan los ojos de lágrimas”, dijo, sobre pensar en ese día. “No he vuelto a tener esa sensación”.

A los 43 años, Erben Wennemars se ha retirado en gran medida del patinaje de velocidad profesional, pero compite varias veces al año para mantener su elegibilidad para la parte profesional del Elfstedentocht, con la esperanza de que se celebre. Dijo que su pureza (tiene pocos patrocinadores locales y no tiene premio en dinero) era un antídoto contra el mundo excesivamente “programado” de los deportes de élite modernos.

“Soy ocho veces campeón mundial, gané dos medallas olímpicas, pero lo tiraría todo por el Elfstedentocht”, dijo Wennemars.

The New York Times