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Por Rory Smith

AVELLANEDA, Argentina — En el Borussia Dortmund, la academia del equipo alemán presume un Footbonaut, un equipo futurista de entrenamiento diseñado para mejorar la velocidad de pensamiento y la capacidad de ejecución. Parados en el interior de una jaula, los jugadores del Dortmund reciben un balón cada cinco o seis segundos. Al mismo tiempo, se enciende una caja en uno de los cuatro muros. El jugador debe patear los balones a las cajas correctas.

Los entrenadores creen que dos o tres minutos dentro del Footbonaut pueden tener el mismo impacto que múltiples sesiones de entrenamiento, pero cada máquina cuesta entre 2 y 4 millones de dólares.

Ese precio está muy lejos de las posibilidades de la academia juvenil Racing Club. Aquí, su respuesta incluye puntos y círculos pintados en las paredes del gimnasio, con los balones de futbol pendiendo de hilos.

El mismo ánimo permea todo lo que hace el Racing. No es sólo el Footbonaut casero. Es el apoyo disponible para los 55 chicos que viven en la academia del club, que va desde trabajadores sociales y psicólogos hasta tutores académicos. Es el enfoque hacia el desarrollo de los jugadores que se centra menos en los resultados y más en el progreso individual. Sobre todo, es la labor que se hace en una pequeña oficina subterránea ubicada en el estacionamiento del estadio del club.

Aquí, el equipo de cuatro cazatalentos de Javier Weiner observa partidos de las ligas menores de Argentina y de un puñado de países de Sudamérica a través de Wyscout, una plataforma de contenido que transmite eventos deportivos de todo el mundo.

El Racing frecuentemente es el único equipo argentino que envía cazatalentos a torneos juveniles internacionales, dijo Diego Huerta, uno de los cazatalentos del club. Ha empezado a reclutar jugadores de Colombia, Perú y Venezuela.

En Europa, Norteamérica y Asia, la mayoría de los clubes de este nivel consideraría este trabajo como estándar en la actualidad; en Argentina, es casi revolucionario. “Tenemos que ser creativos”, afirmó Weiner. “Tenemos que tener una red que nos permita llegar a los jugadores antes que los clubes más grandes porque en términos financieros no podemos competir con River Plate y Boca Juniors”.

La mente maestra detrás de este plan para el futuro es una de las figuras destacadas del pasado del Racing.

Diego Milito ganó dos títulos argentinos con el Racing como jugador, aunque tuvo la mayor parte de su éxito en Italia, donde fue el delantero del equipo Inter Milán. Regresó al equipo de su infancia en el 2014. En el 2016, después de retirarse, fue nombrado secretario técnico del Racing.

Está a punto de lograr que el Racing sea campeón de nuevo por primera vez desde el 2014: encabeza la Superliga argentina. Sin embargo, el camino, dirigido por Milito, no ha sido ortodoxo.

“Todo el tiempo que estuvo Milito en Europa vio cómo trabajaban e intentó adaptar algunas de las ideas que encontró”, comentó Huerta.
La caza de talentos era fundamental. Uno de los primeros nombramientos de Milito fue Weiner.

El Racing siempre ha tenido una reputación en el desarrollo de juveniles y es una parte central del plan de Milito. Hoy hay una tendencia a no enfocarse en “entrenar talento” —el grupo de jugadores atacantes y creativos que ha dado fama a Argentina—, sino en “posiciones de concepto”, los papeles más cerebrales y más defensivos.

“Queremos crear a los jugadores que necesita el Racing”, explicó Claudio Úbeda, entrenador de la academia. “Pero también a los jugadores que Europa quiere”.

 The New York Times