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Por Carlotta Gall

SILIVRI, Turquía — Desde el fallido golpe de Estado del 2016 en Turquía que dejó 251 muertos y más de 2 mil heridos, casi 3 mil civiles y miembros del personal de seguridad han sido declarados culpables. Para el Gobierno y sus partidarios, con los veredictos generalizados se ha hecho justicia.

Sin embargo, el proceso también ha ampliado las divisiones políticas en Turquía y acrecentado un sentido de persecución entre los opositores del Gobierno, quienes dicen que los juicios masivos son emblemáticos de un arbitrario sistema de justicia bajo el Gobierno del Presidente Recep Tayyip Erdogan.

Más de dos años después de la intentona, el Gobierno de Erdogan sigue procesando a aquellos sospechosos de haber confabulado con el hombre al que acusa de organizar el complot, el clérigo musulmán Fethullah Gulen.

La represión se ha extendido para incluir a una clase completa de opositores políticos, al tiempo que el Gobierno ha purgado a decenas de miles del poder judicial y de la academia, así como de la Policía y el Ejército.

Muchos fueron acusados de obtener y distribuir las preguntas de una prueba escrita para ascender a policías, lo que, según ha alegado el Gobierno durante mucho tiempo, fue parte de un esfuerzo para sembrar las filas superiores de las fuerzas de seguridad con seguidores de Gulen.

Gulen, que vive en Estados Unidos, también ha sido acusado en los casos más prominentes enfocados en las altas filas de los golpistas, pero las autoridades estadounidenses dicen que la evidencia presentada es insuficiente para su extradición.

La abundante evidencia presentada en los juicios ha eliminado cualquier duda de que hubo un complot organizado para deponer a Erdogan, quien evadió la captura esa noche. Pero los activistas de derechos humanos y críticos del Gobierno dicen que el proceso —que incluye enjuiciar a entre 100 y 200 personas al mismo tiempo— ha sido tan profundamente fallido que ha enturbiado el caso contra los golpistas.

Las tensiones son altas en los juicios de los recién arrestados, que se realizan en tribunales del tamaño de arenas deportivas. Los partidarios del Gobierno estallan en ira y lanzan acusaciones cuando un acusado proclama su inocencia.

Los juicios masivos tienen un largo historial en Turquía. Sin embargo, la simple escala del proceso en esta ocasión no tiene igual casi en ninguna otra parte de Occidente.
El Juez Orhan Gazi Ertekin, copresidente de la Asociación Judicial Democrática, describió los juicios masivos como parodias enfocadas no en los actos de los enjuiciados sino en sus decisiones políticas.

“Es para convertir la condena política en una condena penal, para humillar, tanto física como espiritualmente, para destruir a los que perdieron políticamente”, indicó. “El resultado es determinado de antemano”.

Cinco líderes civiles y 38 comandantes senior están acusados de ser miembros del consejo de liderazgo del complot golpista en dos importantes juicios que están por concluir.
Pero junto con aquellos que ha considerado cabecillas, el Gobierno ha arrestado a decenas de miles de militares, desde altos comandantes hasta cadetes y policías en las bases y unidades castrenses involucradas en enfrentamientos por todo el País en la noche del intento de golpe.

Una abogada, Sibel Polat, dijo que su cliente, un suboficial, fue acusado de 13 delitos.

“No hay evidencia de que portara armas, no hay testigos, ni imágenes captadas con cámara”, aseguró. “Sólo existe el alegato del fiscal”.

The New York Times