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Por Sapna Maheshwari

Samia era una influencer antes de que supiera hablar.

Sus padres, Adam y LaToya Ali, también son influencers y empezaron a reseñar el inminente arribo de Samia en YouTube e Instagram en el 2014, cuando la madre se enteró de que estaba embarazada.

“El video del nacimiento de Samia está en YouTube, así que prácticamente nació en las redes sociales”, dijo Adam Ali.

Samia tiene actualmente 4 años y 143 mil seguidores en Instagram y 203 mil suscriptores en YouTube. Sus publicaciones son principalmente posts de ella posando y jugando, pero también incluyen promociones pagadas para marcas como Crayola y los nuggets de pollo HomeStyle Harvest.

Hay casos en los que “Samia no puede literalmente dar el mensaje”, dijo Ali acerca de los posts. “A veces, los mensajes no son plática de niños, así que LaToya necesita aparecer, o yo, para transmitir eso porque ésos son los mensajes clave que las marcas quieren”.

Bienvenidos al mundo de los “kidfluencers”. Durante años, las marcas han recurrido en tropel a los influencers —individuos, famosos o no, con grandes cantidades de seguidores en las redes sociales— con la esperanza de que su popularidad en línea provocará que sus fans compren los productos que respaldan. Luego, los niños influencers empezaron a aparecer en los perfiles de sus padres, una ramificación aparentemente inofensiva de este fenómeno.

Ahora, los anunciantes están financiando lucrativos contratos de endosos para niños pequeños y adolescentes con grandes números de seguidores y sus propios perfiles verificados en YouTube e Instagram. Como resultado, niños demasiado pequeños como para hacer sus propias cuentas en las plataformas están siendo convertidos en creadores de tendencias.

Instagram, propiedad de Facebook, y YouTube, que es parte de Google, están diseñadas para adultos debido a una ley federal de privacidad en Estados Unidos que protege a los niños menores de 13 años. Las biografías para muchos de los influencers más jóvenes en Instagram señalan que las páginas son “administradas por los padres”, y los canales de YouTube están presuntamente registrados a sus tutores.

Como dicen que sus plataformas son zonas para mayores de 13 años, las compañías tecnológicas no tienen que cumplir con las regulaciones federales que limitan la publicidad específica y la recolección de datos. Pero Josh Golin, director de la Campaña para una Infancia Libre de Comerciales, dijo que las empresas no tenían incentivos para prohibir a los niños en sus sitios.

Y a medida que los ratings de televisión siguen bajando y los niños pasan más tiempo en línea, los anunciantes gastan más dinero para llegar a ellos allí.

“El hecho de que las marcas estén usando niños reales como influencers es una señal muy clara de que se están dirigiendo a niños que saben que están en estas plataformas”, indicó Golin.

Eso puede significar mucho dinero para las familias de los kidfluencers. Kyler Fisher, padre de gemelas idénticas de 2 años que tienen más de 2 millones de seguidores en Instagram, dijo que un post patrocinado en la cuenta de las niñas podría alcanzar un precio de entre 10 mil y 20 mil dólares.

Las gemelas, Taytum y Oakley, han promovido asientos para auto y cruceros Carnival Cruise Lines en Instagram. También son cruciales para el éxito del canal en YouTube de sus padres, Kyler & Mad, que tiene unos 3 millones de suscriptores. Las promociones en el canal de la familia en YouTube pueden generar entre 25 mil y 50 mil dólares.

El surgimiento de este tipo de publicidad ha planteado preguntas en torno a la compensación justa, la supervisión y los permisos laborales, especialmente porque los lineamientos de trabajo infantil varían.

Andrea Faville, vocera de YouTube, indicó que el sitio no permitía que nadie menor de 13 años hiciera sus propias cuentas y que se trabajaba “estrechamente con expertos, organizaciones sin fines de lucro y otras instancias” para proteger a las familias.

Sravanthi Dev, vocera de Instagram, dijo que aunque la plataforma prohibía a usuarios menores de 12 años, sus padres o representantes podían crear perfiles para ellos, “siempre y cuando esté claro en la información biográfica que la cuenta es administrada por el padre o representante”.

En YouTube, hay cuentas de reseñas de juguetes como Ryan ToysReview, cuya joven estrella ganó 22 millones de dólares en un año, de acuerdo con Forbes. Pero los niños también están creando seguidores al ser gamers, videobloguers y fashionistas.

YouTube cuenta con lineamientos para la publicidad dirigida a niños, pero su cumplimiento a menudo es difícil de vigilar.
En cuanto a los niños, puede ser difícil para ellos entender todo el relajo.

“Para ella es casi como entrar a un experimento para aprender algo, se trata más de que nosotros le damos un deber o una tarea en la que ella tiene algo que conquistar”, dijo el padre de Samia.

“Sabremos cuando esté consciente de que tiene seguidores y le haremos saber lo que significa todo esto”.

 The New York Times