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Por V. L. Hendrickson

Cuando se reportó en el 2017 que el multimillonario tecnológico Peter Thiel había comprado una granja en Nueva Zelanda por alrededor de 10 millones de dólares, el trato causó irritación. Muchos se preguntaron si Thiel, un alemán naturalizado estadounidense, había recibido un trato especial para evadir la Ley de Inversiones del Extranjero del 2005, que obligaba a los compradores extranjeros a solicitar permiso para comprar “suelo delicado”. (Thiel había obtenido discretamente la ciudadanía en el 2011).

La controversia lo convirtió en el rostro de una creciente preocupación: que los inversionistas extranjeros estaban inflando los precios de las casas y sacando del mercado a los compradores nativos.

De acuerdo con el Instituto de Bienes Raíces de Nueva Zelanda, los precios de la vivienda ahí aumentaron casi 65 por ciento entre diciembre del 2008 y diciembre del 2018.

Así que en agosto pasado, la Primera Ministra Jacinda Ardern designó todo suelo residencial existente como “delicado”, de facto prohibiendo a los extranjeros la compra de casas existentes.

En Nueva Zelanda, la Enmienda a la Ley de Inversiones del Extranjero del 2018 ha provocado reacciones encontradas. En agosto, David Parker, Ministro de Comercio y Exportación, la describió como “una parte clave del plan del Gobierno para volver a la vivienda más al alcance del bolsillo”. Otros se han burlado de sus restricciones al libre mercado y su aire de xenofobia, afirmando que es un esfuerzo para disuadir a los compradores chinos.

Al centro del debate está cuánto, si acaso, logrará la ley bajar los precios e incrementar la propiedad de viviendas.

Bindi Norwell, del Instituto de Bienes Raíces, dijo que la demanda de residentes y extranjeros es responsable del aumento en los precios. El turismo ha incrementado el número de personas que se mudan a Nueva Zelanda, mientras que una economía estable ha desalentado a los nativos a buscar oportunidades en otros lugares.

Pene Milne, de la firma de bienes raíces Sotheby’s International Realty, dijo que se ha exagerado la influencia de los inversionistas extranjeros, ya que sólo representan alrededor del 3 por ciento del mercado.

La prohibición ha afectado el número de ventas a corto plazo, dijo Norwell, señalando que en diciembre se registró una caída del 12.9 por ciento. Enero estuvo más a la par con el pasado, con una caída en las ventas de sólo 2.5 por ciento respecto al año anterior, de acuerdo con el Instituto de Bienes Raíces.

“Invirtieron mucho tiempo y esfuerzo en prohibir a los compradores extranjeros, pero nunca se estableció realmente qué tanto problema representaban y si al introducir la política habría un efecto sustancial en la reducción de los precios de las casas”, dijo Shamubeel Eaqub, economista en Sense Partners, una consultora en Auckland. “Por lo que hemos visto hasta ahora, no ha habido mucho impacto”.

 The New York Times