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Por Jim Robbins

ELY, Nevada — Cinco biólogos de la fauna silvestre con lámparas en la cabeza subieron por una montaña y entraron en una mina abandonada. Cuando avistaron murciélagos, suavemente desprendieron de las paredes a los mamíferos del tamaño de ratones y los metieron en bolsas de tela.

Esta incursión en noviembre fue parte de un esfuerzo en América del Norte para averiguar cómo se comportará una enfermedad micótica de los murciélagos de rápida propagación, llamada síndrome de la nariz blanca, cuando llegue al Oeste de Estados Unidos.

“El síndrome de la nariz blanca representa una de las enfermedades más relevantes de la fauna silvestre en los tiempos modernos”, escribieron los autores de un reciente artículo en mSphere, revista de la Sociedad Estadounidense de Microbiología. Desde el 2006, “la enfermedad ha matado a millones de murciélagos y amenaza a varias especies antes abundantes con la extirpación o extinción”.

El síndrome recibe su nombre por las manchas vellosas que aparecen en la nariz y alas de murciélagos. En la última década, agencias estatales, federales y tribales, junto con organizaciones sin fines de lucro, han estado trabajando para hallar un remedio para salvar a las 47 especies de murciélagos de Norteamérica. Hasta ahora, el síndrome ha desafiado los esfuerzos.

La enfermedad fue descubierta en una cueva en las afueras de Albany, Nueva York, en el 2006, probablemente introducida involuntariamente desde Eurasia. El patógeno se ha propagado a al menos 36 Estados de la Unión Americana y siete provincias de Canadá, matando a colonias enteras de murciélagos y más de 6 millones en total.

Estas pérdidas podrían ser relevantes: los murciélagos juegan un papel ecológico crucial, al polinizar plantas y controlar mosquitos y otros insectos.

Tras haber causado estragos en gran parte de la Costa Este de EU e infectado a una región rocosa cerca de Seattle, el síndrome de la nariz blanca se dirige al resto del Oeste a un ritmo de más o menos un Estado por año. Eso significa que en los próximos años podría llegar a las miles de cuevas y minas abandonadas de las Montañas Rocallosas, refugios de los murciélagos durante la temporada de invierno. Es más probable que los murciélagos en hibernación resulten afectados.

Los científicos creen que la clave para combatir la enfermedad podría involucrar el entender mejor la fisiología de hibernación de los murciélagos.

Sin embargo, algunos expertos creen que los esfuerzos para tratar o incluso investigar la enfermedad podrían hacer más daño que bien. “Perturbarlos durante la hibernación es añadir estrés en un momento en que menos pueden permitírselo”, dijo Merlin Tuttle, experto en murciélagos en Texas.

“No hay una manera práctica de retrasar o detener esto”, añadió. “Hay que permitir que siga su curso. Estamos gastando dinero cuando intentamos encontrar una cura. Deberíamos gastar nuestro dinero en conseguir la máxima protección para los murciélagos que han sobrevivido y ayudarlos a recuperarse y reconstruir poblaciones”.

Cuando hibernan, de noviembre a abril, los murciélagos disminuyen su ritmo cardiaco y la respiración durante periodos de tres semanas. Luego, durante dos días, se despiertan para beber agua y aparearse antes de volver a dormirse.

Los murciélagos infectados despiertan cada siete días, porque la enfermedad de la nariz blanca causa deshidratación y necesitan beber.

“Durante el letargo, casi no queman energía”, dijo Nathan W. Fuller, biólogo de posdoctorado de la Universidad Tecnológica de Texas, quien es parte del equipo. “Al despertar queman mucha. Aunque es sólo el 5 por ciento de su tiempo, es el 95 por ciento de su energía. Realmente lo que importa es con qué frecuencia se despiertan”.

Gastar más energía agota la grasa que almacenan para resistir la hibernación y se vuelven demacrados. Pueden morir en la cueva, o salir de ésta antes de tiempo para buscar alimento en un invierno al que no pueden sobrevivir.

Es por ello que este equipo ha invertido tanto tiempo y dinero en equipo para entender los secretos de la hibernación de los murciélagos. Una vez que los datos de referencia estén establecidos, “en áreas como ésta donde aún no ha llegado, podemos formar un modelo predictivo basado en ecología, fisiología, genética y química de la piel”, explicó Jonathan Reichard, funcionario del Servicio de Pesca y Fauna Silvestre de EU.

Los biólogos han fumigado cuevas con agentes antimicóticos. Exponer a los murciélagos infectados a luz ultravioleta también parece prometedor.
Tuttle advierte que esos experimentos podrían salir mal.

“Usar algo para matar al hongo matará a otros hongos o microorganismos de la cueva, lo que causará otras reacciones en cadena y problemas que son mucho mayores que con lo que empezamos”, señaló.

 The New York Times