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Por Scott Reyburn

LONDRES — Michelangelo Merisi, mejor conocido como Caravaggio (1571-1610), es el pintor italiano más famoso del periodo barroco, y la industria del arte siempre está buscando obras perdidas. Sin embargo, cualquier hallazgo despierta debates feroces.

El 28 de febrero, Eric Turquin, un corredor de arte develó un lienzo bien conservado del siglo 17 de “Judith y Holofernes” que Marc Labarbe, un subastador con sede en Toulouse, Francia, encontró en el ático de una casa allí en el 2014.

Turquin ha pasado los últimos cinco años haciendo investigación en torno a esta pintura sin firma. Está convencido de que es un Caravaggio.
“Mire los labios, la forma en que están pintados el mentón y los párpados”, dijo Turquin, señalando al rostro de Judith, quien reta al espectador con su mirada mientras tranquilamente decapita a Holofernes con su propia espada.

La pintura será subastada por Labarbe, en colaboración con Turquin, en Toulouse el 27 de junio. El cálculo de preventa es de 100 millones a 150 millones de euros, entre 115 y 170 millones de dólares.

De acuerdo con Turquin, la pintura es el segundo retrato de Caravaggio de este sangriento tema del Viejo Testamento, mostrando a una hermosa viuda judía salvando a su asediada Ciudad al tentar a un General asirio y luego matarlo. La primera versión fue pintada en Roma en alrededor de 1600 y hoy se encuentra en la Galería Nazionale d’Arte Antica allí. Se cree que la segunda, donde Judith viste el negro de la viudez y su vieja sirvienta está parada a su derecha, fue pintada alrededor de 1607 en Nápoles.

La segunda “Judith y Holofernes” se conoce gracias a una copia atribuida al pintor franco-flamenco Louis Finson, contemporáneo admirador de Caravaggio y quien se cree fue dueño de la pintura original hoy perdida. La copia hoy pertenece a la colección del banco Intesa Sanpaolo, en Nápoles.

En noviembre del 2016, el museo Pinacoteca di Brera, en Milán, colgó la “Judith y Holofernes” del banco junto al hallazgo en el ático en Toulouse. Cuando terminó la muestra en febrero, se invitó a historiadores del arte y conservadores a un día de estudio para evaluar el hallazgo.

Keith Christiansen, del Museo Metropolitano de Arte en Nueva York, dijo que la obra contenía detalles que parecían a muchos expertos “demasiado crudos” como para ser de Caravaggio. Añadió que la técnica era “totalmente consistente con la obra de Caravaggio”, salvo las arrugas concéntricas en el rostro de la vieja sirvienta, que fueron pintadas sobre un fondo pálido en lugar del café que el artista usaba habitualmente.

Gianni Papi, de la Universidad de Florencia, está convencido de que la pintura es de Finson. Dijo que había varios elementos que no le recordaban la mano de Michelangelo Merisi. La cabeza de la sirvienta era uno; la cabeza de Holofernes —”demasiado cargada, con esos dientes de animal, en mi opinión extraño para Caravaggio”— era otro. James Bradburne, director del Brera, dijo que la delicadeza del puño izquierdo de Judith en la pintura de Toulouse le recordaba la “Cena de Emaús” del artista, que se encuentra en el museo milanés. “El toque del pincel grita Caravaggio”, añadió.

Christiansen dijo que él y varios otros expertos concluyeron que la pintura efectivamente era una obra perdida de Caravaggio, “aunque posiblemente con la intervención de una segunda mano”.

Aunque esto es fascinante para los historiadores de arte, quizás no es lo que un subastador —o un coleccionista— quiere escuchar acerca de una pintura valuada en más de 100 millones de euros. El mercado exige que los genios como Caravaggio trabajen solos.

The New York Times