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Por Jason Horowitz y Elisabetta Povoledo

ROMA — Vincent Doyle, psicoterapeuta irlandés, tenía 28 años cuando su madre le dijo que el sacerdote católico que creía era su padrino en realidad era su padre biológico.
El descubrimiento lo llevó a crear un grupo de apoyo global para otros hijos de sacerdotes que, como él, sufren de la vergüenza interna que acompaña el haber nacido de un escándalo eclesiástico.

Cuando Doyle presionó al Obispado para que reconociera a estos hijos, algunos líderes de la Iglesia le dijeron que él era resultado de la más inusitada de las transgresiones.

Pero un Arzobispo le mostró lo que estaba buscando: un documento con los lineamientos del Vaticano sobre cómo lidiar con los sacerdotes que tienen hijos, prueba de que Doyle distaba mucho de ser el único.

Preguntó si podía quedarse con una copia, pero el Arzobispo le dijo que no: era confidencial.

Ahora, el Vaticano ha confirmado, aparentemente por primera vez, que su departamento encargado de los sacerdotes del mundo tiene lineamientos generales respecto a qué hacer cuando los clérigos rompen sus votos de castidad y tienen hijos.

Los niños en ocasiones son resultado de amoríos involucrando a sacerdotes y mujeres laicas o monjas —otros son resultado de abuso o violación. No hay cálculos de cuántos niños así existen. Sin embargo, Doyle dijo que el sitio en internet de su grupo de ayuda, Coping International, tiene 50 mil usuarios en 175 países.

“De hecho a ustedes se les llama ‘hijos de los ordenados’”, recordó Doyle que le dijo el Arzobispo que le mostró los lineamientos. “Me impactó que tuvieran un término para ello”.
Alessandro Gisotti, el portavoz del Vaticano, dijo que el documento interno sintetizaba una década de procedimientos. Dijo que los lineamientos “piden” que el padre abandone el sacerdocio para “asumir sus responsabilidades dedicándose exclusivamente al niño”.

Sin embargo, otro representante del Vaticano dijo que la “petición” era una mera formalidad. Monseñor Andrea Ripa, subsecretario de la Congregación para el Clero, que supervisa a más de 400 mil sacerdotes, dijo que “es imposible imponer” la destitución del sacerdote y que sólo el sacerdote “puede solicitarla”.

Añadió que el incumplimiento del sacerdote de pedir ser relevado de sus obligaciones sacerdotales era razón para que la Iglesia tomara acción: “Si no lo pides, serás destituido”.
Los expertos en derecho canónico dicen que no hay nada en la ley eclesiástica que obligue a los clérigos a renunciar al sacerdocio por tener hijos. “Como no es un crimen canónico, no hay motivo para el cese”, dijo Laura Sgro, abogada canónica en Roma.

Algunos hijos recurren a pruebas de ADN para probar que sus padres son miembros del clero.

El padre Pietro Tosi tenía 54 años cuando violó a la madre de Erik Zattoni; ella tenía 14, dijo Zattoni. La familia trató de obligar al cura a reconocer a su hijo, pero él se rehusó.

En 2010, Zattoni demandó al padre Tosi y exigió que lo reconociera. Una prueba de ADN ordenada por un tribunal demostró que en efecto era hijo del sacerdote. Entonces el Vaticano pidió al Obispo a cargo de Tosi que lo reprendiera, pero no exigió su renuncia al sacerdocio.

El padre Tosi murió en 2014, aún siendo sacerdote.

“La justicia que obtuve fue gracias a la sentencia de un tribunal con base en una prueba de ADN”, señaló Zattoni.

The New York Times