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Por Nina Siegal

AMSTERDAM — ¿Cómo murió Rembrandt? Considerando que es uno de los nombres más famosos en la historia del arte, podría sorprender que no lo sepamos.
Tenía 63 años en ese momento, pero los expertos dicen que no hay registros de alguna enfermedad. Los poetas podrían decir que murió de tristeza, casi un año después de la muerte del único hijo que le quedaba vivo, Titus.

Aunque Rembrandt disfrutó de fama mundial, al final gastó mucho más allá de sus posibilidades, se declaró en bancarrota y vivía en la miseria. Fue sepultado en una tumba rentada y sin epitafio. Más tarde, sus restos fueron exhumados y destrozados, y no hay indicador de su última morada.

Tomemos un momento para considerar la muerte de Rembrandt porque este año se cumplen 350 años de que ocurrió, en 1669. Museos de todo el mundo, desde Amsterdam hasta el Golfo de Arabia, están organizando exhibiciones para conmemorar su extraordinario legado artístico y una vida que estuvo muy lejos de ser una obra maestra.

Con todo este renovado enfoque en este pintor, grabador, litógrafo, dibujante, amante, luchador, genio y deudor, es justo preguntar: ¿quién es Rembrandt ahora? ¿Cómo interpretamos la vida y obra del maestro de la Edad de Oro holandesa que conoció gran fama, pero también pasó de moda en su propia vida, y que ha sido resucitado una y otra vez por diferentes generaciones de amantes del arte que encontraron nuevo significado en su obra?

“Muy pocas personas conocen la historia de la vida de Rembrandt”, dijo Taco Dibbits, director del Rijksmuseum, el museo nacional de Países Bajos, que es sede de la exhibición central de la celebración, “All the Rembrandts” que durará hasta el 10 de junio. Todo el acervo de obras de Rembrandt que posee el museo —22 pinturas, 60 dibujos y 300 grabados— forma parte de la muestra. La exhibición es acompañada por el lanzamiento de una nueva biografía de Jonathan Bicker, “Rembrandt: Life of a Rebel”.

“All the Rembrandts” sigue el progreso del artista desde los inicios de su carrera en Leiden, Países Bajos, hasta sus últimas pinturas, hechas apenas unos días antes de su muerte. Inicia con una sala de 30 autorretratos que nos permiten asomarnos a los ojos del artista al tiempo que envejece de un joven de 22 años de cabello rizado a un hombre de 55 años, de cabello entrecano y de aspecto preocupado.

Vemos cómo sus primeros bocetos y grabados de limosneros, mujeres medio desnudas y zanfonistas se transforman más adelante en su carrera en figuras que pueblan sus escenas bíblicas. Y podemos comparar los diminutos retratos de ciudadanos comunes que rasguñó en placas de metal con las pinturas al óleo a escala completa de comerciantes y burgueses de Amsterdam con las que se ganaba la vida.

Otras exhibiciones por todo el mundo abarcan su carrera, en pedacitos: su desarrollo inicial es trazado en “Young Rembrandt 1624-1634” en el Museo Lakenhal, en Leiden (más tarde viajará al Museo Ashmolean, en Oxford, Inglaterra), mientras que su éxito juvenil es explorado en “Leiden Circa 1630: Rembrandt Emerges” en el Centro de Artes Agnes Etherington, en Ontario, Canadá.

En el Museo Casa de Rembrandt, en Amsterdam, aprendemos sobre los vínculos personales del artista en “Rembrandt’s Social Network: Family, Friends and Acquaintances” y, en el Museo Fries, en Leeuwarden, Países Bajos, su vida romántica en “Rembrandt and Saskia: Love and Marriage in the Dutch Golden Age”. También tienen lugar exhibiciones durante todo el año en el Museo Thyssen-Bornemisza en Madrid, el British Museum en Londres, el Mauritshuis en La Haya y el Louvre Abu Dhabi, entre otros.

El que tantas exhibiciones se puedan montar al mismo tiempo es posible sólo gracias a la impresionante producción de Rembrandt durante una trayectoria de casi 50 años, que resultó en unas 350 pinturas, 300 grabados y más de 100 dibujos.

Hasta el siglo 17, la mayoría de los artistas europeos creía que un artista debería sacar los aspectos más hermosos de cualquier sujeto, y mejorarlos, indicó Bicker.
“Una de las razones de que fuera acusado de romper las reglas del arte fue que se rehusó a idealizar”, explicó. “En lugar de pintar o hacer un grabado de una hermosa mujer joven, utilizaría una mujer común, o mostraría a una anciana con muchas arrugas y mucha celulitis”.

Andries Pels, poeta del siglo 17, desestimó a Rembrandt como “el principal hereje del arte” porque “no eligió a la Venus griega como su modelo, sino a una lavandera”, escribió, de acuerdo con la biografía de Bicker.

Para Bicker, esto es precisamente el origen del atractivo perdurable de Rembrandt. “Trató de mostrar la verdad y no se apegó a las leyes” del arte, señaló.

 The New York Times