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Por Max Fisher y Amanda Taub

TRAUNSTEIN, Alemania — El rumor comenzó, como tantos hoy, en Facebook.

Se afirmaba que un grupo de refugiados musulmanes en el sur de Alemania había arrastrado a una niña de 11 años a un desnivel peatonal y la habían violado. Cuando la policía negó la acusación, se dijo que los políticos comprometidos con la Unión Europea les habían ordenado encubrir el ataque.

El rumor, a principios de este año, provocó olas de miedo y furia mientras se difundía por toda Alemania en las Noticias de Facebook. Los usuarios se enojaron cada vez más, concluyendo que estos refugiados peligrosos, y los políticos de dos caras, tendrían que ser expulsados.

En gran parte del mundo, las crisis impulsadas por rumores son vistas como un hecho de la vida.

Sin embargo, Andreas Guske, un inspector de policía en la ciudad bávara de Traunstein, donde hay muchos refugiados y donde circuló el rumor, no pensó que su comunidad pudiera permitirse la complacencia. Los ataques contra los refugiados ya iban en aumento. Además, el sur de Alemania es una línea del frente en la batalla de Europa respecto a la identidad.
“Facebook no es sólo como un tablero donde la gente cuelga cosas y los demás las leen”, dijo Guske. “Facebook influye en la gente con su algoritmo”.

Los investigadores dicen que la plataforma trae a flote emociones negativas y primitivas, y que incluso puede distorsionar el sentido de la gente del bien y el mal.
Así que el inspector de policía y sus dos ayudantes emprendieron una comunicación de puerta en puerta, erradicando el rumor en línea y fuera de ella.

Sus esfuerzos reflejan una creciente preocupación entre los Gobiernos de que Facebook está agitando la violencia y el extremismo. También reflejan una falta de fe en la compañía para que aborde el problema.

Una vocera de Facebook dijo que la empresa había estado “trabajando de cerca con las autoridades alemanas”. (Guske dijo que había recibido poca ayuda de Facebook).Guske tenía dos objetivos: convencer a los que iniciaron el rumor de desmentir públicamente sus afirmaciones y encontrar cualquier ápice de verdad que hubiera dado pie al cuento falso.

En su opinión, mostrar a los residentes cómo Facebook había distorsionado la realidad era la única manera de convencerlos de rechazar lo que habían visto.

El rumor comenzó cuando la policía arrestó a un ciudadano afgano acusado de hacerle tocamientos a una joven de 17 años.

Mientras los usuarios de Facebook compartían el recuento del incidente, añadían detalles falsos. Un atacante se convirtió en varios. El tocamiento se volvió una violación. Y la víctima de 17 años se transformó en una de 11.

La policía publicó una declaración en la que reconstruyó la divulgación del rumor. No obstante, Guske sabía que una aclaración de los hechos jamás sería tan popular como un rumor escandaloso en la sección de Noticias de Facebook, que promueve contenido en parte con base en su capacidad de mantener a los usuarios interactuando con la plataforma.

Así que su equipo acudió a los hogares de quienes habían divulgado inicialmente el rumor y les mostró pruebas de que no estaban en lo cierto. Todos, salvo uno, eliminaron o corrigieron sus publicaciones.

Los países asiáticos y africanos, que representan el futuro del negocio de Facebook, han demostrado ser los más susceptibles a la violencia vinculada con la plataforma, señalan los expertos.

Las redes sociales permiten que cualquiera divulgue rumores acerca del lugar donde vive.

Algunos nacionalistas blancos, que han adoptado un interés especial en las guerras culturales de Baviera, han hecho precisamente eso, y Guske es incapaz de detenerlos.
“Es difícil prevenir las noticias falsas, porque una vez que Facebook las divulga —¿qué más puedes hacer?”, dijo, mientras golpeaba la mesa con la palma de su mano.

 The New York Times