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Por Mark Mazzetti y Ben Hubbard

WASHINGTON — El Príncipe Heredero Mohammed bin Salman de Arabia Saudita autorizó una campaña secreta para silenciar a disidentes —incluyendo la vigilancia, secuestro, detención y tortura de sauditas— más de un año antes del asesinato de Jamal Khashoggi en octubre, dijeron funcionarios estadounidenses.

Miembros del equipo que asesinó a Khashoggi, al que funcionarios estadounidenses llamaron Grupo de Intervención Rápida Saudita, estuvieron involucrados en al menos una docena de operaciones a partir del 2017, dijeron los funcionarios.

Algunas de las operaciones involucraron repatriar a sauditas a la fuerza de otros países árabes y detener y maltratar a prisioneros en palacios pertenecientes al Príncipe Heredero y a su padre, el Rey Salman, dijeron los funcionarios.

Los detalles sobre las operaciones provienen de funcionarios estadounidenses que han leído evaluaciones clasificadas de inteligencia sobre la campaña, así como de sauditas con conocimiento sobre algunas de las operaciones. Hablaron bajo condición de anonimato.

El Gobierno saudita insiste en que el asesinato de Khashoggi —un periodista disidente que vivía en Estados Unidos y escribía para el periódico The Washington Post— no fue un asesinato ordenado desde Riad. La decisión de matarlo fue tomada por el equipo al momento de los hechos, dicen funcionarios.

El Reino dice que 11 sauditas enfrentan cargos penales por el asesinato y que los fiscales buscan cadena perpetua para cinco de ellos, pero las autoridades no han identificado públicamente a los acusados.

Arabia Saudita tiene un historial de perseguir a ciudadanos sauditas en el extranjero, pero las medidas severas escalaron después de que el Príncipe Mohammed fue elevado a Príncipe Heredero en el 2017. Fuerzas de seguridad sauditas han detenido a docenas que eran percibidos como amenazas. “Nunca lo hemos visto a una escala como esta”, dijo Bruce Riedel, ex analista de la CIA que ahora trabaja con la Institución Brookings en Washington. “En el pasado no se habría considerado que un disidente como Jamal Khashoggi valiera la pena el esfuerzo”.

Khashoggi fue asesinado dentro del Consulado de Arabia Saudita en Estambul. Turquía usó video de vigilancia y grabaciones de audio para descubrir el crimen e identificar al equipo que lo llevó a cabo. Riedel dijo que los descuidos del equipo mostraban que estaba acostumbrado a operar con libertad dentro del Reino y no bajo la mirada atenta de un adversario.

El Grupo de Intervención Rápida fue autorizado por el Príncipe Mohammed y supervisado por Saud al-Qahtani, un asesor de alto nivel, dijeron funcionarios estadounidenses. Su subalterno, Maher Abdulaziz Mutreb, un funcionario de inteligencia, lideró al equipo en el campo. Mutreb está siendo sometido a juicio en Riad por cargos conectados con la muerte de Khashoggi, dijo un funcionario saudita, mientras que Qahtani está bajo investigación.

Cuando el Príncipe Mohammed encerró a cientos de príncipes, empresarios y ex funcionarios en el hotel Ritz-Carlton de Riad en el 2017 bajo acusaciones de corrupción, Al-Qahtani y Mutreb presionaron a los prisioneros para que cedieran activos, de acuerdo con asociados de los detenidos. Muchos de esos detenidos en el Ritz fueron sometidos a maltrato físico y uno murió bajo arresto, de acuerdo con testigos.

Pero no fue hasta después del asesinato de Khashoggi que el grado del trabajo del equipo comenzó a emerger. Inteligencia estadounidense sobre sus operaciones anteriores dio forma a la evaluación de la CIA en noviembre de que el Príncipe Mohammed había ordenado el asesinato de Khashoggi, dijeron funcionarios de EU.

El Grupo de Intervención Rápida también parece haber estado involucrado en la detención de alrededor de una docena de activistas de los derechos de la mujer el año pasado. Entre las activistas se contaban varias figuras conocidas: Loujain al-Hathloul, que había sido encarcelada por intentar entrar manejando al Reino desde los Emiratos Árabes Unidos; Aziza al-

Yousef, una profesora jubilada; y Eman al-Nafjan, una profesora de lingüística.

Al principio, las mujeres fueron detenidas informalmente en un palacio en Jidda, una ciudad portuaria en el Mar Rojo, de acuerdo con Alia, la hermana de Al-Hathloul.

Las mujeres fueron trasladadas luego a la Prisión Dhahban, en Jidda. Su juicio inició este mes en Riad, pero no se permitió que periodistas y diplomáticos asistan y el Gobierno no anunció los cargos en su contra. El funcionario saudita dijo que las tres serían juzgadas “en conexión con actividades que amenazaban la seguridad nacional del Reino”.

 The New York Times