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Por Dionne Searcey

BASE DE GUARDABOSQUES DE NIOKOLO, Senegal — El horizonte nocturno resplandecía rojo por los incendios provocados por los cazadores furtivos. A lo lejos, mineros de oro ilegales detonaban explosivos. Y en medio de una transitada carretera, un guardabosques le cortaba el cuello a una antílope que sufría tras ser atropellada por un auto.

Las amenazas a la vida silvestre acechan en cada rincón del parque nacional más grande de Senegal.

Multitudes de leones, leopardos, elefantes y otras bestias antes vagaban por Senegal, pero décadas de caza y desarrollo acabaron con casi todas ellas.

Incluso aquí en el parque nacional conocido como Niokolo-Koba abundan los peligros para la pequeña muestra de fauna que ha logrado mantenerse. El triste manifiesto de animales salvajes incluye unas cuantas docenas de chimpancés, unos 100 perros salvajes africanos y una diminuta población de leones. Los guardabosques y un grupo internacional de conservación trabajan para salvar lo que queda de estos animales.

En particular, la esperanza del País es aumentar su población casi extinta de leones de África Occidental. No existen más de 250.

Hace aproximadamente un año, un pequeño equipo de Panthera, un grupo que trabaja para proteger a los gatos salvajes, se trasladó a Niokolo-Koba, organizando patrullajes y construyendo un puesto de avanzada en una parte remota del parque.

Senegal emplea a unos 130 guardabosques que patrullan una pequeña parte de los 9 mil kilómetros cuadrados del parque. Están apostados cerca de la entrada del parque, el lugar más probable para ver leones.

El programa piloto de Panthera paga para que los guardabosques se distribuyan en el parque de manera regular. De esa manera, si crece la población de leones, tendrá un terreno más seguro para recorrer.

Los animales están amenazados por los cazadores furtivos, los mineros ilegales y el tráfico de una carretera que atraviesa el parque.

Los cazadores aquí no son las bandas de caza furtiva internacional fuertemente armadas que plagan las reservas en otras partes de África. Un arresto reciente fue típico: un hombre solitario en una bicicleta desvencijada que llevaba una escopeta sujetada con cinta adhesiva.

“No es una guerra como en otros lugares”, dijo Florence Vernadat, coordinadora del proyecto de Panthera. “Sería muy fácil detener la caza furtiva”, dijo —si sólo se contratara a más guardabosques.

Meses antes, había aparecido en una cámara la imagen de un elefante. Nadie había visto un elefante en el parque en años, y los guardabosques creen que ahora hay tres.
Unos días después, los guardabosques divisaron a una leona y tres cachorros. Era prueba de que sus esfuerzos estaban rindiendo frutos —por ahora.
Sus cachorros jugaban en medio de la carretera.

 The New York Times