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Por Carl Zimmer

La península ibérica —hoy hogar de España y Portugal— ha servido como un cruce de caminos durante miles de años.

Los fenicios de Oriente Próximo construyeron puertos comerciales allí hace 3 mil años y los romanos conquistaron la región en el año 200 a.C., aproximadamente. Ejércitos musulmanes del norte de África tomaron el control en el siglo 8 d.C. Tres siglos después, comenzaron a perder territorio a los Estados cristianos.

Ahora, junto con registros históricos y excavaciones arqueológicas, los investigadores están extrayendo material genético que abarca no sólo la historia escrita de la península, sino también su prehistoria.

“Queríamos tender un puente entre las poblaciones antiguas y las modernas”, dijo Íñigo Olalde, genetista de la Facultad de Medicina de Harvard y autor principal de un estudio publicado en la revista Science que analiza el ADN de 271 íberos de la antigüedad.

El perfil genético de Iberia cambió en respuesta a sucesos relevantes, como la conquista romana. Los investigadores también descubrieron evidencias de migraciones que anteriormente se desconocían.

El ADN más antiguo del que se tiene registro en Iberia pertenece a un esqueleto de 19 mil años encontrado en el norte de España. El esqueleto perteneció a un cazador-recolector de la Edad de Hielo. Olalde y sus colegas y otro equipo del Instituto Max Planck en Alemania descubrieron que los cazadores-recolectores ibéricos descendían de dos grupos distintos de los primeros cazadores-recolectores europeos.

Gracias a un esqueleto descubierto en Goyet, un sitio en Bélgica, es posible rastrear el origen de uno de estos grupos a hace 35 mil años. El pueblo goyet se dispersó por toda Europa, sólo para terminar siendo reemplazado en gran parte del continente hacia finales de la Era de Hielo.

El primer indicio del segundo grupo aparece hace 14 mil años, cuando los investigadores lo identificaron por medio del ADN en un esqueleto encontrado en una región italiana llamada Villabruna.

Pero los nuevos estudios revelaron que, en Iberia, los pueblos goyet y villabruna coexistieron. Los cazadores-recolectores allí poseían una mezcla de linaje de ambos pueblos.
Hace unos 7 mil 500 años, llegaron nuevos grupos provenientes de Anatolia con cultivos y ganado. El 90 por ciento del ADN de esqueletos posteriores se deriva de los agricultores de Anatolia.

Los científicos también encontraron una creciente cantidad de descendencia norafricana en esqueletos de la Edad de Hierro.

El linaje norafricano aumentó en Iberia después de que los romanos tomaron el control. La península fue parte de un imperio que floreció gracias al comercio. Al mismo tiempo, habitantes del sur de Europa y del Cercano Oriente comenzaron a dejar huella. Después de la caída de Roma, esqueletos de la era musulmana muestran un creciente linaje del norte de África y del África subsahariana.

Lo que nos trae al presente. En febrero, Clare Bycroft, de la Universidad de Oxford, y sus colegas agruparon a los españoles en cinco subgrupos genéticos. En un mapa, estos grupos forman cinco franjas con dirección de norte a sur.

En la cumbre del dominio musulmán, unos cuantos pequeños Estados cristianos sobrevivieron en la costa norte de España. Al tiempo que los musulmanes perdieron poder, esos Estados expandieron sus fronteras del sur, a partir de hace aproximadamente 900 años.

Hasta ahora, amplias brechas de tiempo típicamente separaban los estudios genéticos de personas vivas y los de ADN antiguo. Pero ahora, en lugares como Iberia, se empiezan a llenar los huecos y se crea una cronología genética ininterrumpida.

“Ambos mundos comienzan a encontrarse”, afirmó Bycroft.

 The New York Times