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Por Clifford Krauss y Declan Walsh

EL CAIRO — Al Presidente Abdel Fattah el-Sisi le gusta presumir sus planes para modernizar a Egipto, como la nueva Capital administrativa que se erige en las afueras de El Cairo. Pero la mayoría de los egipcios ve el régimen de Sisi como una época de inflación desorbitada, un desplome de la moneda y recortes a los subsidios que han hecho que el combustible, la luz y el agua sean más caros.

Ahora hay una esperanza que surge mar adentro en la forma de un descubrimiento de gas natural con el potencial de levantar la economía de Egipto, desarrollar una alianza comercial con Israel y reavivar la influencia regional del País.

El esfuerzo de Egipto por producir gas es parte de un cambio en energía y geopolítica. Los avances en el envío de gas licuado lo han convertido en un combustible global y han fortalecido el estatus de países que no eran exportadores importantes de energía.

La oleada de gas nuevo ha sido mala noticia para los exportadores tradicionales, particularmente Rusia, que ha tenido que reducir los precios del energético para mantener las ventas a Europa. Muchos países europeos han buscado desde hace mucho reducir su dependencia de Rusia y están ansiosos por establecer proveedores nuevos, aún si eso significa hacer negocios con Estados autocráticos como Egipto y Qatar.

En el 2015, Egipto descubrió un yacimiento conocido como Zohr que se ha convertido en uno de los campos de gas más grandes en Medio Oriente. Egipto ahora produce una cantidad récord de gas diario —un aumento de más del 30 por ciento desde el 2016— convirtiéndolo en uno de los productores más importantes en África del Norte y Medio Oriente.

Las exportaciones aún se registran a cuentagotas y los egipcios aún no ven gran beneficio, pero el Gobierno espera un auge impulsado por la exportación.

Los colosos energéticos han llegado a raudales a Egipto en parte porque, en el 2015, el Gobierno elevó en más de una tercera parte el precio que pagaría a las compañías por su gas. Se estima que las petroleras extranjeras están invirtiendo unos 10 mil millones de dólares en el País este año.

Egipto tiene las únicas dos terminales exportadoras de gas a gran escala en el este del Mediterráneo. En gran medida, las terminales no han sido utilizadas desde el 2014. Royal Dutch y Eni, el coloso energético italiano que está desarrollando el campo de Zohr, planean ponerlas en marcha este año.

El auge del gas también podría beneficiar a Egipto geopolíticamente, al permitir que Sisi fortalezca lazos económicos con Israel y Jordania, mientras que, al mismo tiempo, se convierte en un socio indispensable de Europa.

No obstante, hay pocas señales de las ganancias del gas en las calles de El Cairo, donde el Gobierno no ha podido reducir la alta tasa de desempleo o frenar el declive en los servicios públicos.

Incluso los ejecutivos energéticos advierten que Egipto podría despilfarrar su riqueza de gas si no reduce los subsidios a la luz y el gas para controlar el creciente consumo nacional de energía.

Los descubrimientos de gas son un “regalo considerable”, expresó Ahmed Heikal, director de Qalaa Holdings, una compañía de inversión energética. “Pero si recibes un regalo de Dios, tienes que usarlo con sabiduría”.

 The New York Times