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Por Carl Zimmer

En lo alto de las montañas de Centroamérica vive el ratón cantor de Alston. Este roedor produce canciones extraordinarias, y los investigadores han descubierto grandes similitudes con nuestras conversaciones.

“Hasta fechas muy recientes aún existía esta creencia de que el habla humana y las vocalizaciones de los mamíferos son dos cosas completamente diferentes”, dijo Steffen R. Hage, neurobiólogo en la Universidad de Tubinga, en Alemania.

Se pensaba que si un mono era confrontado por otro mono, los centros de procesamiento del miedo en el cerebro mandarían una señal a un conjunto de neuronas en el tallo cerebral. El tallo entonces enviaría órdenes a la boca y la garganta para producir un llamado.

Pero resulta que los monos pueden controlar sus sonidos de maneras que los primeros investigadores no reconocieron. Los científicos pueden entrenarlos a producir un llamado sólo cuando ven una señal. Para hacerlo, los monos usan conjuntos de neuronas en la corteza cerebral.

Nosotros tenemos conjuntos similares, y son esenciales para el lenguaje. Esta similitud significa que la base del lenguaje evolucionó en nuestros ancestros primates distantes.
Cuando los científicos examinaron a los ratones, no hallaron evidencia de este tipo de control. Los ratones caseros, las especies favoritas de los científicos, producen chillidos ultrasónicos simples.

En 2011, Michael A. Long, neurocientífico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York, oyó hablar de los ratones cantores de Alston, que producen arias de fuertes chillidos que pueden durar hasta 16 segundos, con cada ratón produciendo una canción distintiva.

Junto con Steven M. Phelps, biólogo en la Universidad de Texas, en Austin, Long instaló un hogar para los ratones en su laboratorio para estudiar sus cerebros.
Un día, Andrew M. Matheson, un estudiante de posgrado, notó que dos ratones machos en jaulas cercanas sonaban como si estuvieran teniendo una conversación. El equipo descubrió que el canto de los ratones nunca se traslapaba: cada ratón esperaba a que el otro terminara, y entonces comenzaba en cuestión de una fracción de segundo.

“Son corteses en la conversación”, dijo Arkarup Banerjee, un investigador.

Para Long, estos patrones eran similares a la conversación humana, que dijo es como “golpear una pelota de tenis al otro lado de la red, ida y vuelta. Y la neurociencia no ha comprendido cómo hace eso el cerebro”.

Así que los investigadores comenzaron a analizar los cerebros del ratón.

Hage, que no estuvo involucrado en la investigación, dijo que los resultados muestran que mamíferos que no son primates pueden usar la corteza cerebral para controlar sus sonidos.

Explicó que los hallazgos plantean la posibilidad de que el ancestro común de humanos y roedores, que vivió hace unos 100 millones de años, tenía esa habilidad. “Es una característica que, a final de cuentas, es crucial para la evolución del habla humana”, dijo Hage.

Es posible que los circuitos en los ratones cantores de Alston y los humanos sean tan similares que estén influenciados por los mismos genes.
Long está realizando ingeniería genética en los ratones con mutaciones vinculadas al autismo.

“Intentaremos entender cómo afectan la comunicación en un sistema más simple, para que podamos llegar al meollo de lo que realmente está pasando”, dijo.

The New York Times