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Por Steve Bell

BAIKONUR, Kazajistán — Hace 62 años, el sitio de lanzamiento aquí en Baikonur se convirtió en el primero en enviar a humanos al espacio. Por ahora, sigue siendo nuestra ruta principal a los cielos.

Pero el enorme Cosmódromo de Baikonur, ubicado unos 2 mil kilómetros al sureste de Moscú, ya empieza a mostrar una arruga (o dos o tres).

Fue desde Baikonur que los soviéticos lanzaron la nave Sputnik en 1957, impactando a Estados Unidos y dando inicio a la carrera espacial. Estados Unidos trabajó sin cesar para alcanzar, y con el tiempo superar, al programa espacial soviético. En 1961 Yuri Gagarin despegó de Baikonur para completar una sola órbita a la Tierra.

Hoy, rusos, estadounidenses y viajeros de otras naciones hacen equipo en misiones lanzadas desde las instalaciones de Baikonur, que el Presidente Vladimir V. Putin de Rusia, describió hace 6 años como “físicamente envejecidas”.

El 3 de diciembre, la tripulación del Soyuz MS-11 —la estadounidense Anne McClain, el ruso Oleg Kononenko y el canadiense David Saint-Jacques— despegó con destino a la Estación Espacial Internacional. El 13 de marzo, dos estadounidenses más y un ruso viajaron allá. Ayer, Christina Koch, una de las estadounidenses, realizó con McClain la primera caminata espacial hecha sólo por mujeres astronautas.

Desde el último vuelo del transbordador estadounidense, en el 2011, los astronautas de EU han tenido que ir de aventón en las naves rusas para llegar a la estación. NASA planea usar empresas privadas —como SpaceX de Elon Musk o Boeing— para trasladar a estadounidenses al espacio. Musk, quien tuvo un lanzamiento sin tripulación exitoso este mes, espera poner fin este año al estatus de Baikonur como el único proveedor de viajes humanos a la estación.

The New York Times