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Por Fatima Faizi

KABUL, Afganistán — Los luchadores de Maiwand han regresado. En septiembre, el Estado Islámico atacó con bombas su gimnasio y causó la muerte de docenas de ellos. Este año lo han reconstruido y planean hacer que sea más grande, mejor y más concurrido que antes.

En septiembre, Samim Faramarz, periodista de Tolo TV News, reportaba en vivo desde la escena del ataque al gimnasio Club de Lucha Maiwand, en un vecindario de la etnia hazara en la parte occidental de Kabul.

Mientras hablaba, una segunda bomba fue detonada, causando la muerte de Faramarz y su camarógrafo Ramiz Ahmady, al aire.
Al final, 26 luchadores murieron y otros 91 resultaron heridos.

Maiwand es el gimnasio de lucha más importante de Afganistán, habiendo producido a muchos de los campeones del País. Después del ataque, parecía que esta institución estaba acabada.

Pero dos ex luchadores acudieron a su rescate. Uno fue un ex ejecutivo de IBM de Ridgefield, Connecticut, de 69 años, quien se presentó como “Paul Halsey (114-4)”, una referencia al récord de triunfos y derrotas en su carrera como luchador amateur.

El otro fue Hooman Tavakolian, de 42 años, un gerente de inversiones iraní-estadounidense en Nueva York y Londres, quien es miembro activo de United World Wrestling y se describe a sí mismo como “diplomático del deporte”.

Tavakolian inició una campaña en GoFundMe para reconstruir el club Maiwand. De forma separada, Halsey trabajó con quienes habían escuchado sobre el ataque y querían ayudar.

“La lucha es un deporte que exige gran sacrificio y también ayuda a los jóvenes luchadores a canalizar sus emociones en una forma positiva”, dijo Halsey. “La tragedia me conectó con ellos en una forma muy personal”.

Con el tiempo, Halsey y Tavakolian unieron esfuerzos. Equipos de lucha en lugares como la Universidad Estatal de Pennsylvania y la de Iowa cooperaron; lo mismo hicieron Nike, Adidas y Cliff Keen, un proveedor de equipo para lucha.

En total, recaudaron más de 10 mil dólares en efectivo, dijo Tavakolian, lo que junto con el equipo donado fue suficiente para reconstruir Maiwand. Dijo que incluso quedó dinero para otros clubes de lucha afganos.

Ahora, Maiwand tiene más luchadores que nunca —hasta 400 en un día, tantos, que el club ha tenido que añadir un cuarto turno de entrenamiento.

“Todos creen que necesitamos mostrar a los terroristas que pueden matarnos, pero no pueden detenernos”, dijo Maalim Abbas, famoso campeón de lucha y el entrenador en jefe del gimnasio.

El día del ataque, Abbas evitó que el terrorista suicida entrara al club bloqueando una puerta con su poderoso brazo izquierdo. Ahora, estaba de vuelta en el gimnasio, pero con su brazo amputado.

Muchas de las 91 personas heridas tienen lesiones que las dejaron discapacitadas, sin extremidades y peor. Algunas continúan en estado crítico.“No puedo dormir como es debido”, dijo Abbas. “Tengo esta pesadilla en la que pierdo 26 estudiantes, todos tan jóvenes.

“Y yo, ya no soy un ser humano completo”, añadió. “¿Cómo puedo ser entrenador de lucha con sólo una mano? Me duele que sólo puedo decirles cómo hacerlo”.
Pero habría sido mucho peor, dijo, si no hubiera un gimnasio para aquellos que no dejan de luchar.

 The New York Times