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Por Carlotta Gall

ESTAMBUL — El esqueleto de una mezquita grande y nueva ha sido levantado en el lado poniente de la Plaza Taksim de esta Ciudad en el último año, eclipsando el monumento dedicado a Mustafa Kemal Ataturk, fundador de la república turca laica. Y mientras la mezquita era erigida, un querido símbolo de la era de Ataturk, el teatro de la ópera de Estambul, era demolido.

Pocos turcos se oponen a la mezquita, pero no pasa desapercibido el simbolismo de una casa de culto que domina los monumentos de la república laica de Ataturk.

Erigir una mezquita en la plaza ha sido un objetivo de varios gobiernos desde los años 50. Pero el esfuerzo más reciente es parte de un impulso dirigido por el Presidente Recep Tayyip Erdogan para desarrollar la plaza en una forma que proclame la fe islámica de la Ciudad y glorifique su pasado otomano.

“Está cambiando por completo la topografía y el diseño de la plaza”, dijo Soner Cagaptay, director del Programa Turco de Investigación en el Instituto Washington para la Política del Cercano Oriente. “Es altamente simbólico del control de Erdogan sobre la república de Turquía”.

La Plaza Taksim es el popular centro de la vida de la Ciudad y un símbolo de la república moderna fundada hace casi 100 años. Multitudes de compradores, transeúntes, turistas y fiesteros cruzan por la plaza, día y noche, camino a la adyacente Avenida Independencia, la principal calle comercial de Estambul. El principal punto de reunión es el monumento a

Ataturk, quien es retratado dirigiendo la lucha por establecer a la Turquía moderna después de la caída del Imperio Otomano.

En el 2013, la Plaza Taksim fue la sede de grandes protestas contra Erdogan, que en ese entonces era Primer Ministro. Ecologistas, estudiantes, artistas y activistas de la democracia organizaron un plantón de semanas en el Parque Gezi, los jardines elevados que cubren el lado norte de la Plaza. Su meta era bloquear el plan de Erdogan para construir un centro comercial diseñado como los cuarteles de la era otomana que alguna vez ocuparon el Parque.

Erdogan dispersó la protesta con fuerzas policiacas. Docenas de personas fueron arrestadas y dos murieron en Estambul y otras seis en protestas alrededor del País. La Policía ocupó una esquina del Parque, quebrando los adoquines de mármol con sus vehículos y estableciendo barricadas. La construcción fue suspendida.

La Plaza Taksim en alguna ocasión marcó el límite de la Ciudad, y sus distritos circundantes estaban poblados por comunidades no musulmanas de griegos, armenios y judíos. Bajo la república de Ataturk, se convirtió en el centro de la Estambul moderna.

“Taksim es un símbolo de progreso, mano de obra y modernismo”, dijo Mucella Yapici, secretaria de Solidaridad Taksim, un grupo que hace campaña para vigilar el estatus protegido de la Plaza.

Los residentes más antiguos se quejan del aburguesamiento y comercialización que han llegado con la popularidad de la Plaza, expulsando a los artesanos locales. Los comerciantes de mucho tiempo se quejaron de que volver peatonal a la Plaza en el 2012 ayudó a extender su atractivo, pero perdió parte de su esencia.

En febrero del 2017, Erdogan siguió adelante con la construcción de la mezquita. Luego el año pasado, Erdogan ordenó la demolición del Centro Cultural Ataturk, un aclamado edificio modernista donde generaciones de turcos asistieron a conciertos, óperas y producciones teatrales.

Símbolo de la apertura de la república a los valores occidentales, el centro cultural había estado cerrado desde el 2008, para remodelación, de acuerdo con el Gobierno, pero nunca fue reabierto.

Erdogan, que tiene antecedentes religiosamente conservadores, nunca ha ocultado su poco aprecio por las artes. No ayudó el hecho de que los manifestantes de Gezi hubieran adoptado el edificio como propio. Más tarde fue declarado en ruinas.

Aun cuando supervisó la destrucción del edificio original, Erdogan, en un aparente gesto a la sociedad laica, anunció planes para reconstruir el centro. Pero también ha declarado que seguiría adelante con la reconstrucción de los cuarteles de la era otomana.

“Quieren privatizar esa plaza”, afirmó Yapici.

Ella figura entre 16 sindicalistas, artistas y activistas que han sido acusados recientemente por participar en las protestas hace seis años. Enfrentan cadena perpetua en caso de ser encontrados culpables. El juicio iniciará en junio.

En un comunicado reciente, Solidaridad Taksim denunció la acusación: “Si la democracia va a llegar a este País un día, derivará poder del compañerismo igualitario, libertario y pacífico de Gezi. Pueden enjuiciar a millones de personas, pero nunca podrán acabar con la verdad”.

The New York Times