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Por Ben Hubbard

En el 2010, el Presidente Bashar al-Assad, de Siria, le pidió al Presidente Barack Obama en una carta privada que patrocinara nuevas conversaciones de paz entre Siria e Israel, una quimera diplomática para una serie de mandatarios estadounidenses.

El punto principal era el control de los Altos de Golán, un altiplano rocoso en la explosiva coyuntura entre los Estados modernos de Siria, Israel, Jordania y el Líbano, del que Israel se apoderó en la guerra de los Seis Días de 1967.

Las conversaciones nunca se organizaron, y en el 2011 estalló una guerra civil en Siria que destruyó el País y reconfiguró el orden regional a tal grado que cuando el Presidente Donald Trump firmó una declaración el 25 de marzo reconociendo la soberanía israelí sobre el Golán, el cambio fue recibido con indiferencia en gran parte del mundo árabe.

Hoy, los países del Golfo están más interesados en hacer equipo con Israel contra Irán que en defender ideas abstractas de dignidad árabe, y la zozobra y los problemas económicos han dejado a otros países árabes más preocupados con sus propios asuntos. En cuanto a Siria, su propia guerra ha dejado tan débil y aislado al País, que a pocos les importa lo que quiere.

“El Golán siempre fue visto como la zanahoria que Israel cedería para obtener la paz con Siria, y ahora la paz no importa y Siria no importa”, dijo Kareem Sakka, editor en jefe de Raseef22, un sitio árabe de noticias.

Los Altos de Golán es un área estratégica que brinda a quien la controle una ventaja militar evidente sobre la región circundante. Israel lo tomó como un activo que consideraba necesario para su propia seguridad, desplazando a decenas de miles de los habitantes árabes de la zona durante el proceso.

Los árabes vieron a la ocupación israelí como otro ejemplo más de un orden internacional que no hacía valer sus propias reglas. Siria lanzó un intento fallido por recuperar la zona en la guerra de 1973, que terminó con un armisticio que dejó la mayor parte del territorio bajo control israelí.

En 1981, Israel anexó el territorio, una acción rechazada por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU con base en el principio de que “la adquisición de territorios mediante la fuerza es inadmisible”.

Pero no se hizo mucho por hacerla valer.

El Sinaí fue devuelto a Egipto como parte de un acuerdo de paz, y el destino de Cisjordania y Gaza se volvió el enfoque de las conversaciones de paz entre Israel y los palestinos.

Varios Presidentes estadounidenses intentaron revivir las pláticas de paz entre Siria e Israel, pero la guerra civil siria cambió todo. Con todos sus recursos dedicados a vencer a los rebeldes y a los grupos jihadistas, el Gobierno sirio dejó que Golán cayera en su lista de prioridades.

Los sirios opuestos al Gobierno señalaron que Assad no tenía problemas bombardeando sus propias ciudades y lanzando gas contra sus propios ciudadanos para mantenerse en el poder, mientras que había hecho casi nada para “liberar” al Golán.

La brutalidad de Assad lo ha dejado con pocos miembros de la región dispuestos a tomar su lado en un asunto de ley internacional, dijo Hussein Ibish, experto en el Arab Gulf States Institute, en Washington.

“Cuando el público piense en Siria, estará más preocupado por la muerte y el sufrimiento que con la pérdida oficial de algo que se había perdido hace mucho tiempo”, afirmó.
Sin embargo, el reconocimiento de Trump de la toma de las tierras de un Estado por parte de otro podría hacer más difícil que Estados Unidos ejerza presión cuando líderes autoritarios realicen apropiaciones de territorios.

“Las ideas del orden internacional y la ley internacional recibirán un gran revés aquí”, dijo Ibish. “¿Qué le diríamos ahorita a Saddam Hussein en Kuwait? ‘No queremos que estés allí’. ‘¿Basados en qué?’”.

 The New York Times