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Por Somini Sengupta y Alexander Villegas

SAN JOSÉ — Es un gran asunto verde para un país pequeño. Costa Rica, con una población de 5 millones, quiere liberarse del uso de combustibles fósiles para el 2050 y la principal evangelista de la idea es una planeadora urbana de 38 años llamada Claudia Dobles, quien por cierto también es la Primera Dama.

Si el mundo va a evitar las consecuencias más graves del calentamiento global, todos los países tendrán que aspirar a algo similar, dicen los científicos. Y aunque la huella de carbono de Costa Rica es diminuta en comparación con la de otros países, Dobles tiene una meta más alta en mente: eliminar los combustibles fósiles mostraría al mundo que un país pequeño puede ser líder en enfrentar un problema formidable y, de paso, mejorar la salud y el bienestar de sus ciudadanos.

Combatiría, dijo Dobles, un “sentido de negatividad y caos” frente al calentamiento global. “Necesitamos empezar a dar respuestas”.

La apuesta verde de Costa Rica, si bien está llena de retos, tiene una ventaja de arranque. La electricidad ya proviene en gran parte de fuentes renovables —principalmente hidroeléctrica, pero también eólica, solar y geotérmica. Después de décadas de deforestación, el País ha duplicado su cobertura forestal en los últimos 30 años, de manera que la mitad de su superficie terrestre está cubierta de árboles.

Ahora, si su estrategia para reducir el carbono tiene éxito, podría brindar un mapa de ruta para otros, especialmente países en vías de desarrollo, mostrando cómo los líderes electos democráticamente pueden hacer crecer sus economías sin depender de fuentes contaminantes. Sin embargo, si no funciona tendría consecuencias igualmente profundas.

“Si no podemos lograrlo para el 2050, es probable que ningún otro país pueda lograrlo”, dijo Francisco Alpízar, un economista en el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza en Turrialba, Costa Rica, y asesor para el Gobierno en asuntos climáticos. “Eso sería realmente malo”.

Para Dobles, la principal prioridad es arreglar el transporte. El sector representa el generador número uno de las emisiones de gases de efecto invernadero de Costa Rica. El número de autos y motocicletas en circulación está creciendo rápidamente, de acuerdo con una encuesta realizada por un grupo no gubernamental.

El Plan Nacional de Descarbonización contempla trenes eléctricos, de pasajeros y de carga, en servicio a partir del 2022, que es cuando el esposo de Dobles, el Presidente Carlos Alvarado, concluirá su mandato. De acuerdo con este plan, casi un tercio de los autobuses serán eléctricos para 2035 y casi todos los autos y los autobuses en los caminos serán eléctricos para el 2050.

Renovar el transporte es costoso y requerirá abordar cosas que tienen poco vínculo directo con el cambio climático —arreglar la salud fiscal del País para poder asegurar cuantiosos préstamos extranjeros para financiar un proyecto tan ambicioso, así como reducir el desempleo, que es una exigencia política apremiante. También significa abordar las aspiraciones de una población que va en ascenso social.

Stephanie Abarca es una de ellas. Con su bolso y lonchera en la mano, camino al trabajo una mañana, Abarca, de 32 años, apoya 100 por ciento los objetivos verdes de la Primera Dama.

Pero ella enfrenta problemas más inmediatos. Para Abarca, ir al trabajo significa despertar a las 4:00 horas para bañarse y vestirse, viajar en camión una hora, caminar unas cuadras (o correr, si el autobús se retrasa), y abordar un lento y ruidoso tren de diesel durante otros 20 minutos para llegar finalmente a su oficina. Para cuando llega el viernes, está casi totalmente agotada.

Está ahorrando para comprarse un auto usado. Mejoraría su traslado, dijo, aunque sabe perfectamente que también arrojaría más carbono a la atmósfera.
“Todo mundo quiere tener un auto”, dijo Abarca gerente en una mueblería. “Eso no ayuda”.

Después del transporte, la agricultura y la basura representan las porciones más grandes de las emisiones de Costa Rica. Para disminuir las emisiones que provienen de los rellenos sanitarios, el plan propone nuevas plantas de tratamiento de residuos, así como sistemas de reciclaje y creación de compost, que actualmente son prácticamente inexistentes.

Cómo pagar por aspiraciones verdes de Costa Rica sigue siendo una interrogante. Un cálculo bruto inicial fija el precio en 6.5 mil millones de dólares tan sólo en los siguientes 11 años, que el Gobierno ha dicho que se dividirá entre los sectores público y privado.

Aun así, la recaudación fiscal es baja, varias industrias poderosas están exentas de impuestos y las deudas gubernamentales se han disparado. Un creciente déficit causó que las agencias calificadoras redujeran la calificación crediticia de Costa Rica hace poco. Y una reforma fiscal que Alvarado impulsó el año pasado generó manifestaciones en las calles y una paralizante huelga de maestros que duró meses.

Alvarado, de 39 años, ha llamado al cambio climático “la mayor tarea de nuestra generación”. Dijo que no tenía caso esperar a que países más grandes y más poderosos actuaran primero.

El último domingo de febrero, en una plataforma erigida detrás del Museo de Arte Costarricense, su Gobierno buscó alentar al País a sumarse al plan de descarbonización. El código de vestimenta era tropical informal: florales, vestimenta de lino, sombreros Panamá. Los sonidos de la selva hacían eco en el espacio. Artistas vestidos como animales se movían entre la multitud.

“El verde es el nuevo negro”, rezaba el eslogan en la camiseta que vestía la Primera Dama.

“Esta es una gran transformación que tenemos por delante”, declaró el Presidente. “Tenemos que conquistarla con datos, con inteligencia, pero más que nada, tenemos que llenarnos de valor para hacerlo”.
No será una victoria para todos.

Un grupo de la industria que representa a los dueños de los autobuses dijo que si sus flotas se electrificaran, como el Gobierno insiste, necesitarían dinero del Gobierno, o que los pasajeros pagaran pasajes más caros, lo que muy probablemente crearía dificultades políticas para el Gobierno.

Los importadores de autos quieren que el Gobierno restrinja los autos usados, que tienden a contaminar más. (El auto promedio en el País tiene 17 años).  Y Guillermo Constenla, el líder del partido con mayor presencia en el Congreso, rechazó la idea de elevar el impuesto a la gasolina.

Hay otra complicación. Menos autos nuevos significaría menos dinero para el Gobierno en el momento en el que Costa Rica menos puede permitírselo. Los impuestos asociados con los combustibles fósiles, incluidos los que pagan los autos nuevos, representan más del 20 por ciento de los ingresos públicos. El Gobierno analiza la posibilidad de una reforma fiscal exhaustiva, una empresa políticamente arriesgada.

Dobles está segura de que los hábitos cambiarán y quiere que sus compatriotas vean que no se trata solamente de las emisiones. “También se trata de calidad de vida”, dijo.
Por supuesto, si todas las personas en el mundo se descarbonizaran, sería un gran problema para Costa Rica. La mayoría de los 3 millones de turistas que llegaron el año pasado lo hicieron por vía aérea, lo que dejó una gigantesca huella de carbono en el cielo.

 The New York Times