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Por Peter Baker

Washington — Para el Presidente Donald J. Trump, puede haber sido el mejor día de su mandato hasta la fecha. La nube más amenazadora que se cernía sobre su Presidencia fue prácticamente despejada el 24 de marzo con el anuncio de las conclusiones del fiscal especial, que debilitaron la amenaza de juicio político y le proporcionaron un poderoso impulso para los últimos 22 meses de su cargo.

Aún se ciernen otras nubes, y nadie fuera del Departamento de Justicia ha leído de hecho el reporte del fiscal especial Robert S. Mueller III, que aún podría revelar información condenatoria si se da a conocer públicamente. Pero el final de la investigación sin hallazgos de colusión con Rusia fortaleció al Presidente para las batallas que están por venir, entre ellas su campaña para la reelección.

Si bien los críticos aún debatirán sobre si Trump intentó obstruir la justicia, el Presidente rápidamente clamó estar reivindicado y los aliados republicanos se abalanzaron sobre sus colegas demócratas por lo que llamaron una implacable campaña partidista en su contra. Sin embargo, aún cuando los líderes congresionales de su propio partido llamaron al País a dar la vuelta a la página y seguir adelante, el Presidente indicó que él podría no estar listo, denunciando la existencia misma de la investigación de Mueller como “un derribo ilegal que fracasó” y haciendo un llamado a una contrainvestigación sobre cómo inició.

Envalentonado y enojado, el Presidente puede ahora proceder con su Administración sin la distracción de nuevas órdenes de cateo y acusaciones del equipo de Mueller o la preocupación de que el fiscal especial pudiera presentar cargos contra miembros de la familia Trump. Las preguntas sobre la interferencia electoral del Kremlin pronto podrían desvanecerse, aun mientras otras investigaciones sigan examinando otras denuncias.

El equipo de Mueller confirmó que Rusia sí trató de inclinar la elección hacia Trump, pero su conclusión de que él no conspiró con el esfuerzo podría facilitar el camino para que Trump reoriente la política exterior estadounidense hacia Moscú y su Presidente, Vladimir V. Putin, sin tanta preocupación por consecuencias nacionales.

El fin de la investigación de Mueller también dejó a los demócratas a la defensiva y los forzará a decidir qué tan vigorosamente siguen investigando denuncias de falta de ética del Presidente y sus aliados, incluidos muchos que no fueron interrogados por el fiscal especial, cuyo alcance estaba limitado a la interferencia de Rusia en la elección y cualquier posible obstrucción a la justicia derivada de ello.

Aunque Trump afirmó que los hallazgos de Mueller eran “una completa y total exoneración”, Mueller dijo explícitamente que no lo eran. A pesar de que no estableció una conspiración con Rusia, Mueller no llegó a ninguna conclusión en cuanto a obstrucción a la justicia. “Si bien este reporte no concluye que el Presidente cometió un delito, tampoco lo exonera”, escribió, de acuerdo con el resumen del Departamento de Justicia enviado al Congreso.

La Cámara de Representantes, controlada por los demócratas, tiene el poder para decidir por sí sola si las acciones del Presidente constituyeron “delitos graves y faltas menores” que justifiquen un juicio político. Entonces, la siguiente fase del caso será la lucha de los demócratas de la Cámara para obligar a William P. Barr, el Procurador General recién designado por Trump, a entregar el reporte completo de Mueller y la evidencia que lo acompaña.

Hasta que lean el reporte por sí mismos, los demócratas difícilmente van a estar de acuerdo con que el Presidente haya sido absuelto. Aun así, Nancy Pelosi, demócrata y presidenta de la Cámara de Representantes, ya ha declarado que no estaba a favor del juicio político, a menos que la evidencia fuera tan “convincente y abrumadora y bipartidista”, un estándar que parece incluso menos probable que se cumpla ahora.

De cualquier forma, la investigación de Mueller ha cobrado factura a esta Presidencia, al llevar a acusaciones, condenas o declaraciones de culpabilidad para media docena de asociados de Trump, incluido su presidente de campaña y su asesor de seguridad nacional, y al generar investigaciones derivadas. Investigadores federales, estatales y congresionales siguen examinando los negocios de Trump, sus finanzas, su comité de toma de posesión y a sus asociados. Fiscales federales en Nueva York han implicado a Trump en una maquinación para violar las leyes de finanzas de campaña al destinar sobornos a dos mujeres para evitar que hablaran antes de las elecciones del 2016 sobre presuntas aventuras extramaritales con él.

El Estado de Nueva York lo obligó a cerrar su fundación tras hallar un “patrón escandaloso de ilegalidad”. El Comité Judicial de la Cámara de Representantes ha solicitado documentos de 81 personas o entidades asociadas con Trump en una amplia variedad de temas.

Pero Mueller tenía un prestigio y credibilidad bipartidistas que no han tenido ninguno de los otros perseguidores del Presidente. Ahora, el Mandatario que rutinariamente atacó a Mueller y a sus “13 demócratas en pugna” por su “cacería de brujas” seguramente utilizará los resultados de la investigación del fiscal especial para tachar a todas las demás como parte de una persecución vengativa.

La noción de que el sistema persiguió a Trump y no logró derribarlo encajará a la perfección en la narrativa de agravio y victimización del Presidente. Para Trump, es el mejor de los días.

 The New York Times