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Por Robin George Andrews

Ante la posibilidad de que un asteroide de tamaño considerable se enfile a la Tierra y provoque el apocalipsis, la humanidad ha ideado diversas respuestas.

Hollywood podría creer que la mejor forma de destruir una roca espacial errante es con armas nucleares.

Un nuevo estudio, que analiza una gigantesca colisión entre rocas espaciales, deja entrever lo absolutamente ineficaz que podría ser este tipo de asesinato de un asteroide.
Empleando modelos computacionales, varios científicos simularon el choque de un asteroide de 1.2 kilómetros de diámetro con un asteroide de 25 kilómetros de diámetro a 18 mil kilómetros por hora.

Inmediatamente tras la colisión, el asteroide grande se resquebrajó considerablemente, despidiendo desechos como una cascada de pelotas de ping-pong. A pesar de algunas fracturas profundas, el núcleo del asteroide no sufrió daño exhaustivo.

Con el paso del tiempo, la atracción gravitacional del núcleo resistente del asteroide fue capaz de jalar de vuelta las esquirlas expulsadas. Parece que los asteroides no sólo absorben un nivel alucinante de daño, sino que, como lo ha dejado entrever investigación anterior, también son capaces de reconstruirse a sí mismos.

Charles El Mir, quien estudia la aniquilación de asteroides en la Universidad Johns Hopkins, en Maryland, y es el autor principal del estudio, dijo que sus hallazgos “podrían ser interpretados como un argumento contra ‘hacer estallar’ un asteroide como estrategia defensiva”.

Estudios anteriores sugerían que los asteroides grandes están llenos de cicatrices internas debido a su historial violento, y que un impacto lo suficientemente rápido los haría añicos.

El nuevo estudio, publicado en marzo en la revista Icarus, hizo la prueba con una simulación diferente.

K.T. Ramesh, director del Instituto de Materiales Extremos de Johns Hopkins, comentó que Andy Tonge, un ex alumno de posgrado, había desarrollado un modelo computacional que analizaba la forma en que materiales como chalecos antibalas reaccionan a los impactos.

Al darse cuenta de que el modelo de Tonge podía simular sucesos de colisión de asteroides, el equipo lo combinó con otro modelo que también reproducía los efectos del campo gravitacional de un asteroide grande.

El estudio no descarta usar proyectiles para destruir un asteroide que se avecina, indicó El Mir. Pero agregó que hacer añicos un asteroide grande podría terminar por causar más problemas.

Convertir una bala de cañón en esquirlas de bala de rifle aún podría resultar en el Armagedón si los fragmentos alcanzan la Tierra.

La NASA sugiere cambiar la trayectoria de una roca espacial dándole un empujoncito mucho antes de que llegue a nuestro mundo.

La agencia y otros harán la prueba con esta estrategia en el 2022 con la Prueba de Redirección de Asteroide Doble, en la que una nave espacial chocará deliberadamente con el miembro más pequeño de un sistema binario de asteroides en un intento por cambiar su órbita alrededor del cuerpo más grande.

A final de cuentas, la opción entre desviar y destruir depende, en gran medida, en qué tan rápido sea detectado un asteroide con rumbo a la Tierra.

“Una desviación exitosa se vuelve más difícil de ejecutar a medida que disminuye el tiempo de advertencia”, dijo Megan Bruck Syal, investigadora de defensa planetaria en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, en California.

“En el caso de los tiempos más cortos, una disrupción y dispersión robusta de los fragmentos podría ser la única opción viable para evitar el impacto”.

 The New York Times