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Por Jen A. Miller

Mina Guli difiere cuando alguien tiene el atrevimiento de llamarla una corredora.

“Siento que no soy una atleta”, dijo en Shanghai. “¿Corredora? Tampoco lo soy”.

Acababa de correr un maratón ese día, y estaba a punto de correr otro al día siguiente, y otro el día después de ese. Su objetivo: correr 100 maratones en 100 días para crear conciencia sobre la problemática mundial del agua.

No se trata de maratones oficiales, sino carreras de 42 kilómetros que ella traza y documenta con fotos en Twitter, donde #runningdry se convirtió en un tema en los círculos de corredores.

¿Cómo puede costearlo?

Guli, de 48 años, es parte de una clase de corredores que ahora se hacen de patrocinios de la misma forma en que lo hacen los corredores de élite. No ganarán medallas olímpicas, pero ofrecen algo de lo que las marcas de tenis quieren ser partícipes.

Guli es patrocinada por Reebok, que le proporciona equipo, una campaña en los medios en torno a su misión y, quizás lo más importante para la logística de su empresa: dinero.

Ella no es enteramente desconocida —es la fundadora y directora de Thirst, una organización sin fines de lucro que crea conciencia sobre la crisis mundial del agua— pero dista mucho de ser una estrella de los medios sociales. Su cuenta en Instagram tiene poco más de 3 mil seguidores, una nada en el mundo de los influencers.

En otras palabras, Reebok no está sólo lanzando productos a corredores a cambio de fotos bonitas en sus canales de Instagram.

Más bien, Reebok y otras compañías están yendo en pos de narrativas originales que esperan que inspiren a la gente.

Un video de Justin Gallegos, un corredor con parálisis cerebral, firmando un contrato con Nike se volvió viral.

“Creo que dice mucho sobre lo que realmente significa ser un atleta”, dijo Gallegos. “Puedes tener todo el talento del mundo y no tener pasión”.

Mientras que ninguno de los corredores entrevistados estuvieron dispuestos a revelar el valor de estos contratos debido a acuerdos de confidencialidad, Mirna Valerio, de 43 años, quien inició un blog llamado “Fat Girl Running” en el 2011 mientras entrenaba para su primer maratón, dijo que pudo renunciar a su empleo como maestra y dedicarse a correr de tiempo completo.

Por supuesto, al igual que los corredores de élite, los corredores comunes y corrientes experimentan sus propios tropiezos. Guli tenía programado correr su centésimo maratón en 100 días en Nueva York el 11 de febrero, pero se fracturó el eje de su fémur derecho y sólo pudo correr 62.

El de Nueva York se realizó con otros corredores y ella cruzó la línea de meta, en Central Park, con muletas.

“Sólo soy una persona normal que un día se propuso hacer una diferencia en este mundo y resultó que correr era una forma de hacer que eso sucediera”, dijo.

The New York Times