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Por Anatoly Kurmanaev y Maria Ramírez

PUERTO ORDAZ, Venezuela — El Presidente Nicolás Maduro de Venezuela llegó en un auto conducido por sí mismo a una fábrica acerera emproblemada para hacer alarde de su capacidad exportadora. “Nadie nos va a detener”, dijo en el Complejo Siderúrgico de Guayana. “Estos son días de victoria”.

Dos días después, el complejo dejó de operar. Fue paralizado por el devastador apagón nacional que duró casi cinco días y acabó con lo poco que quedaba de la industria pesada venezolana.

El apagón, aunado a nuevas sanciones de EU al sector petrolero de Venezuela, han empujado al País aún más cerca del colapso económico total.

Los ciudadanos más acomodados de Venezuela han utilizado sus ahorros en dólares para comprar generadores portátiles, importar alimentos enlatados y se han refugiado en hoteles y restaurantes de carnes.

Sin embargo, para muchas personas el único paliativo a las crecientes adversidades es la esperanza de que las deplorables condiciones depongan a Maduro.

El apagón drenó alrededor de mil millones de dólares del producto interno bruto de Venezuela, de acuerdo con el banco de inversiones Torino Capital. Dejó una estela de más de 500 negocios saqueados, al menos 40 pacientes hospitalizados muertos y por lo menos media decena de fábricas cerradas.

El apagón se dio después de la prohibición de EU en enero de toda compra de petróleo venezolano, que sólo vino a sumarse a años de malos manejos y de corrupción en esa industria durante las gestiones de Maduro y su predecesor, Hugo Chávez.

“Las sanciones hacen casi imposible para el Gobierno comprar e importar las cosas que necesitan para operar el País”, dijo Francisco Rodríguez, economista jefe de Torino Capital.
Pocos venezolanos dicen estar preparados para el colapso de condiciones de vida de por sí extremas, si Maduro sobrevive.

“La crisis se pondrá peor”, dijo María Altagracia Perozo, jubilada de Caracas, la capital. “Nos dicen que busquemos velas, fósforos y keroseno porque no habrá luz”.

Ante la reducción de ingresos petroleros y el éxodo de técnicos, Maduro ha batallado para tratar de restablecer los servicios básicos desde el apagón del 7 de marzo. El suministro de agua ha sido intermitente en la mayoría de las ciudades y un incendio en una subestación eléctrica provocó otro apagón.

Menos de la mitad de los venezolanos rechazan las sanciones del Presidente Donald J. Trump contra la industria petrolera venezolana, de acuerdo con un sondeo realizado por la principal encuestadora en el país, Datanalisis.

“Si tengo que sacrificar un mes sin electricidad ni agua, lo haré porque es la única forma de mejorar este País”, dijo Valdemar Álvarez, analista de laboratorio en el complejo acerero Sidor, en Puerto Ordaz, quien se opone a Maduro.

Se prevé que la economía venezolana pierda más del 25 por ciento de su tamaño este año, de acuerdo con Rodríguez. La inflación se perfila a superar el 51 millones por ciento para finales del año, calcula Torino Capital.

La producción de crudo de Venezuela, que solía proveer más del 90 por ciento de la moneda fuerte del País, cayó 13 por ciento durante febrero —la peor disminución en una década—, de acuerdo con la OPEP.

Febrero fue el primer mes desde la imposición de las sanciones del Departamento del Tesoro estadounidense, que prohibieron a las empresas con sede en Estados Unidos hacer negocio alguno con Petróleos de Venezuela, S. A., o Pdvsa.

Las sanciones han acelerado el ciclo económico vicioso de Venezuela, donde la reducción en las exportaciones petroleras deja a Maduro con menos fondos para invertir en servicios básicos. Eso, a su vez, degrada aún más la producción petrolera.

Por lo menos media decena de plantas paraestatales de metales han dejado de operar después del apagón. Fue “el último clavo en el ataúd” para industrias que habían estado operando a capacidad mínima tras años de malos manejos, dijo Damián Prat, activista laboral y autor de un libro sobre las industrias básicas de Venezuela.

“Sin estas industrias, no puede haber recuperación económica en Venezuela”, dijo Prat.

 The New York Times