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Cruzan la frontera y cambian de género

Jess Enríquez Taylor se convierte en Jesús antes de regresar a México. (Emily Kask para The New York Times )

Para las mujeres transgénero como Enríquez, quien es mexicana, pero creció en Estados Unidos, ir y venir entre los dos países también requiere que cruce entre géneros.

Por Jose A. Del Real

MEXICALI, México — En las fotografías, Jess Enríquez Taylor luce maquillaje y lleva el cabello cuidadosamente peinado. Pero cuando subió al autobús con destino a la frontera una tarde reciente, llevaba la cara lavada y su larga cabellera iba guardada bajo un sombrero.

“Esta soy yo. Esta es quien soy en realidad”, dijo acerca de las fotografías, tomadas del otro lado de la frontera, en Estados Unidos.

Para las mujeres transgénero como Enríquez, quien es mexicana, pero creció en Estados Unidos, ir y venir entre los dos países también requiere que cruce entre géneros.

A Enríquez, de 39 años, no puede costear un departamento en California, pero en Mexicali su familia y sus vecinos le exigen que viva básicamente como un hombre. Ir a casa implica quitarse el maquillaje del rostro y cambiar su cabello. Su familia en México la obliga a usar platos aparte por temor a que sea portadora de enfermedades de transmisión sexual.

En vez de regresar a México con frecuencia, ella elige vivir sin hogar en Estados Unidos. “Es más fácil no saber dónde voy a quedarme que regresar a Mexicali”, dijo.

La intolerancia a la homosexualidad y las identidades de género no tradicionales es parte de la cultura en algunas partes de México, donde la Iglesia católica tacha de pecaminosas esas orientaciones.

En la zona agraria del Valle Imperial de California, las mujeres transgénero, muchas con familias extendidas al otro lado de la frontera en Mexicali, dicen que se sienten más seguras gracias a las leyes y las normas culturales estadounidenses. Sin embargo, mudarse a Estados Unidos no es sencillo, ni siquiera para personas como Enríquez, que tienen residencia permanente.

La vida puede ser costosa en comparación con vivir en México. Y el Valle Imperial puede ser bastante tranquilo porque es rural.

El Imperial Valley LGBT Resource Center se ha convertido en un sitio de reunión para los miembros de la comunidad en ambos lados de la frontera.

El Centro ha sido un salvavidas para personas como Sonia Coronado, de 65 años. Nacida y criada en México, en 1972 Coronado fue a trabajar a un rastro en la ciudad californiana de

Brawley mientras seguía viviendo en Mexicali. Después de más de una década, ella y su esposa se mudaron a Estados Unidos y criaron juntas a seis niños.
Coronado salió del clóset como mujer transgénero ante sus hijos y hermanos hace tres años, después de la muerte de su esposa, la única persona que sabía.

Hace poco más de dos años, Sofía González, una agente de seguros en el Valle Imperial empezó a actuar en shows de travestis en Mexicali —donde vivía como Raúl González. Vivir abiertamente como mujer en México aún significa insultos diarios, dijo González, de 25 años.

En el escenario “eres como una celebridad, todos quieren una foto. Pero como una mujer transgénero en la vida diaria eres vista bajo una luz completamente diferente”.

Desde luego, la vida en EU conlleva sus propios desafíos. Una tarde reciente, Enríquez se encontraba en la farmacia cuando le preguntaron su nombre legal completo.

“Jesús Enríquez Taylor”, dijo finalmente.

“Perdón, ¿me lo repites?”.

“Jesús Enríquez Taylor”.

Es mejor que en México, dijo, donde los tenderos a menudo se rehúsan a atenderla.

La madre de Enríquez vive en vivienda subsidiada para la tercera edad en Calexico y en general ha aceptado su nueva identidad de género, pero las reglas del edificio prohíben que viva con ella.

Con tanta incertidumbre en torno a su alojamiento, está lista para ser Jess o Jesús en cualquier momento.
“Siempre tengo que ser dos personas al mismo tiempo”, dijo.