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Por Ceylan Yeginsu

DUMBARTON, Escocia — “Estaba segura de que estaba muerta”, dijo Lottie Mackinnon en voz baja.

Mackinnon estaba describiendo el día hace tres años en que cruzó el puente Overtoun, en Dumbarton, Escocia, con Bonnie, su perrita border collie.

“Algo se apoderó de Bonnie en cuanto nos acercamos al puente”, dijo Mackinnon. “Primero se quedó inmóvil, pero después una energía extraña la poseyó, y corrió y saltó del parapeto”.
El perro de Mackinnon es uno de cientos que los escoceses insisten en que desde los 50s de pronto se ven impulsados a saltar de la estructura gótica de piedra. Muchos han terminado muertos en las rocas escarpadas en la profundidad del valle abajo.

Los residentes de Dumbarton, al noroeste de Glasgow, comenzaron a referirse al Overtoun, un puente de un siglo de antigüedad que abarca un barranco de 15 metros, como el Puente de los Perros Suicidas.

“Fue un milagro que haya sobrevivido”, dijo Mackinnon.

Los investigadores locales calculan que más de 300 perros han saltado del puente; los reportes en los tabloides dicen que se trata de 600. Se dice que por lo menos 50 perros han muerto.

A la distancia, parece que el ornamentado puente victoriano, construido en 1895, es tan sólo una extensión de la entrada de una casona adyacente del siglo 19 construida en Dumbarton por James White, un magnate industrial.

Algunos dicen que las explicaciones racionales están relacionadas con el terreno y los aromas de mamíferos en el barranco que quizá enloquecen a los perros.
Otras explicaciones adoptan un tono más paranormal.

“Tras 11 años de investigar, estoy convencido de que el responsable de todo esto es un fantasma”, declaró Paul Owens, que creció en un pueblo cerca del puente y recientemente publicó un libro sobre el misterio.

La teoría de Owens es popular entre algunos de los lugareños, quienes crecieron escuchando historias sobre la Dama Blanca de Overtoun, la viuda en duelo por John White, el hijo de James.

“La dama vivió sola y guardó luto durante más de 30 años después de que murió su esposo en 1908”, dijo Marion Murray, residente de Dumbarton. “Su fantasma ha estado acechando el lugar desde entonces”.

En 2010, el conductista animal David Sands investigó el fenómeno y descartó la posibilidad de que los animales deliberadamente se quitaran la vida.

Sus experimentos en el puente hallaron que los perros se sentían atraídos por el olor de los mamíferos que se encuentran abajo. Sands propuso que la limitada perspectiva de los perros, su ignorancia de que el camino cambia del nivel del suelo a un puente que se extiende por encima del barranco profundo y los olores que despide el aire quizá los animaban a saltar.

No obstante, incluso él reconoció que el puente tiene una “energía extraña”.

 The New York Times